14 DE MARZO · VOLVIENDO A CASA

Un niño, cansado de la disciplina de sus padres, un día decidió huir de casa, creyendo que era la solución para su vida. Sin embargo, una mujer maliciosa encontró a este pequeño y aprovechó de su situación para ponerlo a trabajar para ella, después de unos días el niño logró fugarse y entre indecisiones volvió a su casa. Cuando llegó, vio por la ventana a sus padres, entonces el miedo y la vergüenza lo dominaron haciendo que se quedara afuera toda la noche.

A la mañana siguiente su padre lo halló fuera, tendido en el suelo, durmiendo y con mucho frío; lleno de amor lo tomó en sus brazos, lo cargó hasta su habitación y cubrió al pequeño para que entrara en calor.
Al despertar, el niño no podía mirar a su papá a la cara, estaba muy avergonzado por lo que había hecho, pero el padre, sin pronunciar palabra, simplemente lo abrazó y con palabras tiernas y dulces le afirmó cuán feliz estaba de tenerlo nuevamente en casa.

Sin lugar a dudas es un gran peligro salirse de la cobertura de quien te protege. Es aún más peligroso salirse de la protección de Dios por sólo querer experimentar deseos que van en contra de Su Palabra, por sólo anhelar una vida a la ligera y sin control. Es un gran riesgo porque puedes terminar muy herido.

Si estás alejado del Señor, tampoco te quedes aislado, anhelando desde la ventana el abrigo y el calor que Dios ofrece. No dejes que la vergüenza o el sentirte indigno te detenga. Solamente debes tocar a la puerta porque Él te ha estado esperando para abrazarte, para darte el calor de su amor y su perdón.