MARZO 26 · VIVIFICADOS POR SU ESPÍRITU

Para que la redención se pudiera llevar a cabo, se requería que Jesús como hijo de Dios viniera para revertir la maldición de Adán. Razón por la cual fue concebido, no por hombre, sino directamente por el Espíritu de Dios que hizo sombra sobre el vientre de la virgen María. Jesús vino como la única oportunidad de redención para aquellos que creyeran en Él. Jesús tenía un nuevo código genético, por Sus venas corría sangre de linaje real; Él sabía que nacía para reinar, aunque también entendió que antes de que esto sucediera debería ofrendar Su vida por la redención del mundo. El primer Adán fue un hombre terrenal, el último Adán vino del cielo; el primer Adán nos dio la imagen del pecado; el último Adán nos trajo la gloria del Dios Celestial. El primer Adán jamás podrá entrar al cielo; el último Adán, por medio de Su propia sangre, entró al lugar santísimo en el reino celestial. “Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:12).

Sólo hay un camino para que el rebelde se convierta en una persona recta, y es a través de Su sacrificio. La gracia de Dios va más allá de lo que imaginamos, pues Jesús decidió tomar nuestro lugar y pagar por nuestros delitos.

Recibir a Jesús en nuestro corazón como nuestro salvador, es recibir un nuevo código sanguíneo y esto será como la “visa” que nos permitirá entrar en el reino de los cielos. Recuerde lo que Jesús dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).