SEPTIEMBRE 17 · VIVIFICADOS POR SU ESPÍRITU

Dios tiene una manera muy particular de enseñar Su voluntad a cada uno de Sus hijos y de llevarlos a renovar la mente a través de las visiones y los sueños. El Señor condujo al profeta Ezequiel a un extenso valle lleno de huesos secos dispersos sobre la faz del campo, y frente a ese cuadro impactante, le preguntó:

 “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” (Ezequiel 37:3). 

Dios le estaba mostrando la condición espiritual del pueblo elegido; haciéndole ver que, aunque se movían físicamente, en su parte espiritual hacía mucho tiempo que habían muerto, y eran como simples huesos arrojados sobre la faz del campo. Luego de que el profeta hiciera una inspección minuciosa del lugar, el Señor le preguntó: “¿Vivirán estos huesos?” A lo que respondió: “Señor Jehová, tú lo sabes”. En ese momento el Señor dijo: “Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová”. Dios indicó al profeta que la respuesta al problema de la nación estaba en sus labios y que el milagro sucedería si él se atrevía a profetizar.  

Nuevamente vemos como la palabra hablada es un claro y poderoso reflejo de nuestra fe

Debemos comprender que la predicación de la Palabra de Dios tiene el poder de dar vida a los que están en su lecho de muerte espiritual. El Apóstol Pablo dijo:  “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). 

De una manera diligente, Ezequiel fue profetizando como el Señor le indicaba. Por eso dijo: “Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo” (Ezequiel 37:10).

El cumplimiento de esta profecía solamente fue posible gracias a que Jesús, con Su sacrificio en la Cruz del calvario, logró dar vida a todos esos huesos secos que estaban dispersos sobre la faz de la tierra; no solamente del pueblo de Israel, sino también de las naciones gentiles