11 DE AGOSTO · VIVIENDO BAJO AUTORIDAD

Aunque Jesús pudo haber vertido Su vida en las multitudes, no lo hizo, sino que prefirió trabajar hábilmente en la formación del carácter de doce personas completamente diferentes las unas de las otras; y al igual que el alfarero con el barro, por tres años y medio dio forma al carácter de cada uno de ellos, pudiendo expresar como lo dijo Job: “Tus manos me hicieron y me formaron.” (Job 10:8). Razón por la cual, antes de ascender al cielo, el Señor reunió a Sus discípulos y observó que faltaba algo para culminar la obra en ellos: y les dijo: “… Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:21-22).

El líder es la clave, esta fue la enseñanza que nos dio con Su ejemplo el Señor Jesucristo, quien en el transcurrir de Su vida ministerial, tuvo en cuenta a las personas no por lo que ellas aparentaban, sino por el potencial que Él sabía que existía en cada una de ellas; un potencial que provenía del mismo soplo divino, pero que estaba opacado por las diferentes circunstancias que habían vivido.

La visión que el Señor Jesús trasmitió a Sus discípulos y el de su vida fue ganar almas y hacer discípulos, Su propósito era hacer de cada discípulo un líder. La Palabra nos enseña porqué Jesús eligió 12. El rey Salomón estableció doce gobernadores para su reino, cada uno de ellos estaba obligado a abastecerle a él y a su casa de todo lo necesario para vivir durante un mes del año (1 Reyes 4:7).

“Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob… edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová” (1 Reyes 18:31a-32a). Y después de preparar el holocausto, procedió a ofrecerlo a Dios en sacrificio. El Señor no tardó en responderle al profeta; a través de este acto, vino la reconciliación del pueblo con Dios. A través de Malaquías el Señor dijo: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:5-6).

El verdadero liderazgo requiere de un trabajo intenso, profundo, en el interior de cada persona. Es una labor que requiere esfuerzo y paciencia para ver el fruto, si no nos desalentamos, entonces lograremos resultados extraordinarios.

Mientras las doce tribus del pueblo de Israel se mantuvieron unidas, Israel se fortaleció y prosperó. Pero cuando vino la división, la nación se debilitó, llegando a ser oprimida y subyugada por sus enemigos, hasta terminar esparcidos por todos los rincones de la tierra.