4 DE MAYO · VISIÓN DE REPRODUCCIÓN

La gran mayoría de aquellos que han alcanzado el éxito han sido grandes visionarios, siendo la visión la idea clara de Dios revelada a la mente del hombre para que éste la ejecute.

Abraham tuvo la visión de que sería padre de muchas naciones. Dios le había dicho que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena del mar, que de la multitud no se podría contar.

A los setenta y cinco años de edad, Dios le dio a Abraham la promesa que tenía para él y su descendencia diciéndole: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:2,3). Después de veinticinco años Abraham recibió el cumplimiento de aquella promesa. Nació Isaac, de Isaac nació Jacob y de Jacob nacieron los 12 patriarcas que conformaron las doce tribus del pueblo de Israel.

Cuando Jesús empezó Su ministerio, le dijo a Simón: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro [griego Petros], y sobre esta roca [griego petra, “piedra”] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18). El fundamento de la Iglesia es que Jesús es el Cristo, el hijo de Dios. Y sobre ese fundamento viene el desarrollo de toda la iglesia. Y así como de Abraham salieron los doce patriarcas, de Jesús salieron los doce apóstoles. El apóstol Pedro escribió: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso.” (1 Pedro 2.4-7a).

El acercarnos a Dios nos habla de relación, además dice que somos piedras vivas, esto nos habla de reproducción. Abraham engendró a Isaac, una piedra viva, e Isaac engendró a los doce patriarcas, todos eran piedras vivas, las cuales se reprodujeron.

Lo mismo tiene que acontecer con nosotros que somos el fruto de lo que los apóstoles sembraron en nuestros corazones a través de la Palabra de Dios, que escribieron para nosotros. Y el dar fruto nos guardará de la vergüenza, y nos ayudará a relacionarnos con Jesús de una manera mas íntima, y es cuando entendemos que Él para nosotros es precioso. Y es cuando el Señor nos elevará a otra dimensión. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9).