AGOSTO 4 · VIDA DE INTEGRIDAD

Podemos ver que el patriarca Job quien se justificaba mucho así mismo, estaba sorprendido por la prueba que estaba viviendo; él se consideraba una “persona tan íntegra” que no merecía haber pasado por todas esas dificultades que le habían sobrevenido. El mismo Job en un momento de inquietud hace esa exclamación: ¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! 

Él llegó a un punto donde anhelaba tener un encuentro cara a cara con Dios ¿pero para que ese encuentro? Para decirle a Dios que él se había portado bien, que había hecho las cosas correctamente, él dijo: “yo quisiera razonar con Dios, yo le quisiera exponer mi causa y yo sé lo que él me respondería”.

O sea, como que la prueba que había vivido no lo había logrado aún quebrantar porque él seguía justificándose mucho así mismo hasta que ya en los últimos capítulos de Job  Dios se le aparece en medio de un torbellino y hace una pregunta: ¿quién  es aquel que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Y lo desafía, “si eres tan íntegro y tan sabio respóndeme las siguientes preguntas…”. Entonces le empieza a hacer una serie de cuestionamientos acerca del conocimiento de Dios, de los tesoros de la nieve, sobre la creación del universo, de cómo las estrellas que alababan y adoraban Su nombre y le sigue haciendo varias preguntas hasta que el mismo Job dice: “Señor, de oídas te había oído, hablaba palabras que no entendía pero ahora mis ojos te ven por tanto me arrepiento y me humillo en polvo y ceniza”. Dios tuvo que confrontar al patriarca porque ante sus propios ojos, él se veía un hombre íntegro e intachable. A pesar de que reconoció que por causa del temor, le había acontecido todo lo que él mismo estaba viviendo; tal como lo expresó: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, Y me ha acontecido lo que yo temía”. (Job 3:25). El salmista David dijo: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión” (Salmos 19:12,13).