15 DE SEPTIEMBRE · VIDA ABUNDANTE

En este texto podemos ver dos fuerzas espirituales totalmente opuestas la una de la otra. La primera esta fundamentada en el engaño y una ves atrapa a sus víctimas, las roba, las mata y las destruye. La otra esta fundamentada en el amor. Y se encarga de darle vida al espíritu que estaba muerto por el pecado y les da de su tesoro, para que disfruten de la vida abundante que solo el puede dar.

La humanidad había caído bajo el engaño del adversario y estaba destinada a la condenación eterna. El Hijo de Dios movido por Su amor decidió ofrendar Su vida; de esta manera nos rescató y, a la vez, nos hizo partícipes de la vida abundante que hay en Él y que sólo Él puede dar.

Cuando los apóstoles quisieron saber cuál era el camino, de manera contundente Jesús les dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Al responder los interrogantes de Nicodemo, Jesús dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:5-7). En el diálogo con la mujer samaritana, Jesús dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). Al enseñar a los judíos, Él les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40).

Hablando con los judíos, dijo: “Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:33-35).

En la fiesta de los tabernáculos, Jesús levantó la voz y dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:38-39).