22 DE MAYO · VICTORIA SOBRE LA ENFERMEDAD

Llegando a Nueva York para una convención nos recibió el pastor David Eghelshi, quien vino a ser nuestro anfitrión; notaba que él era muy especial conmigo, con mis hijas y aun con los pastores del equipo que me acompañaban.

En un momento me dijo: “Pastor, usted aún no conoce mi testimonio, me gustaría compartírselo”. Se veía muy ansioso de que lo escucháramos lo cual despertó un gran interés en nosotros. Cuando captó nuestra completa atención, respiró profundamente, movió su cabeza y luego puso sus manos en el pecho y con lágrimas en los ojos dijo: “En el año 2006 fui diagnosticado con cáncer, un tumor en la cabeza hizo que ésta tomara el doble de su tamaño. El cáncer se extendió por todo el cuerpo, afectó el hígado, los riñones y los pulmones, me dieron muy pocos días de vida. En ese momento me llegaron sus enseñanzas en audio acerca del “Poder de la Sangre de Jesús”; me aferré a ellas y comencé a reclamarlas. Los médicos decían que no pasaría determinada fecha, pero yo me determiné a creer que había poder en la Sangre de Jesús. Mi esposa se puso a mi lado como guardiana protegiéndome, no permitía que personas faltas de fe se acercaran a mí; creí, clamé y Dios hizo el milagro, me sanó completamente, el tumor desapareció y el Señor quitó toda secuela de cáncer en mi vida”.

Con agradecimiento a Dios en su corazón, repetía una y otra vez: “Fue porque aprendí las enseñanzas del poder de la sangre, fue por esa instrucción divina que recibí que me permitió cobrar esperanza y conquistar el milagro”. Tomó nuevo aliento, secó sus lágrimas y agregó: “Junto con mi esposa tuvimos que cerrar nuestros oídos a cualquier comentario negativo, incluyendo el de los médicos; guardábamos nuestra mente de todo aquello que venía a debilitar nuestra fe, manteníamos nuestros ojos puestos en la Palabra de Dios y en las enseñanzas acerca de la Sangre de Jesús. Gracias por compartir esta revelación, para mí fue la diferencia entre la vida y la muerte”.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. (Isaías 53:4-5)

A veces nos cuesta entender lo que el Señor Jesús ya alcanzó para nosotros en la Cruz del Calvario y vivimos presos de alguna enfermedad, cuando todo lo que necesitamos, el frasco de medicina divina está compactado en dos versos y siempre ha estado a nuestro alcance.

Hay algunos que piensan que la sanidad no es para todos, sino más bien para unos pocos privilegiados. Pero es muy interesante notar que en los evangelios Jesús sanó a todo tipo de personas: creyentes, no creyentes, del pueblo de Dios, de otras naciones, personas de influencia, mendigos, etc.

¡Esto nos demuestra que la sanidad también es para usted!