26 DE DICIEMBRE · VICTORIA POR LA SANGRE DE JESÚS

Tanto la rebelión como el pecado nos llevan a la enfermedad y al dolor. El pecado de Adán dio lugar a la rebelión, a la enfermedad, al dolor y a la muerte. Jesús con su muerte quitó todo el poder, toda la fuerza, toda la autoridad al enemigo; el diablo quedó sin poder, por eso se ocupa tenazmente de que la gente ignore este poderoso evangelio, que la gente no crea a esta palabra porque así va a controlarlos y seguirá teniendo dominio sobre los cuerpos. El evangelista TL Osborn hizo referencia a una enseñanza que dio otro evangelista, la cual abrió su entendimiento con relación a la sanidad y la manera como trabajan los demonios; esto lo llevó a iniciar las cruzadas de sanidades y fue tan exitoso que en una sola en un país de Centroamérica más de noventa ciegos recibieron la vista.

Aquel evangelista explicó que los demonios son personalidades incorpóreas, dando este ejemplo: “Si yo no tuviera mis dos brazos ni mis dos piernas, seguiría siendo yo mismo; si me sacaran los ojos, perdiera los oídos, no pudiera hablar ni oír, seguiría siendo yo mismo, pero no tendría manera de expresarme. Así son los demonios, son personalidades, no tiene brazos ni piernas ni ojos ni boca ni oídos, pero son personalidades que necesitan un cuerpo para expresarse, buscan como entrar en el cuerpo humano para usar la boca de ellos, la mente de ellos, los brazos de ellos, los pies de ellos y la mente de ellos para corromper la humanidad. Por eso encontramos tantas películas diabólicas, porque seres humanos abrieron la mente para que los demonios entraran, los inspiraron las manos de ellos como si fuera su pluma para propagar la inmundicia alrededor de la tierra”.

Los demonios buscan el cuerpo humano; la enfermedad busca el cuerpo humano, quieren estar en los cuerpos de las personas, pero si usted entiende hoy que Jesús vino a romper, a deshacer todas las obras del diablo, la enfermedad no podrá estar más en su cuerpo porque usted la resiste, la rechaza, renuncia a ella en el Nombre de Jesús y podrá ver la bendición en su vida. Dios nos prepara todo el camino para que seamos más que vencedores sobre las fuerzas del mal y la enfermedad. Es muy sencillo; si tan sólo entendemos el poder que hay en la Palabra de Dios, veremos milagros extraordinarios.

Cuando una sola gota de Sangre de Jesús entra en contacto con la enfermedad, la enfermedad muere; si usted pone Su Sangre sobre la enfermedad, el germen que le dio vida a ella se muere y, al morir ese germen, la enfermedad tiene que irse.