10 DE JULIO · EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO

Muchas personas que asisten a la iglesia no han experimentado una genuina transformación en sus vidas, tanto así que cuando se encuentran frente a la tentación ceden fácilmente; otros han tomado la vida cristiana como un simple cambio de religión, algunos vienen por las alabanzas o quizás porque se sienten a gusto con el ambiente, porque experimentan algo especial que los impulsa a asistir a las reuniones, pero en su corazón no han tenido un verdadero arrepentimiento y esto es la llave para tener un cambio de vida.

En el original griego, el término usado para el arrepentimiento, da a entender que este es un proceso que lleva a un cambio en la manera de pensar, es decir, se presenta una renovación de la mente; lo que implica la transformación de pensamientos, actitudes y emociones.

Podemos decir que el arrepentimiento consiste en sentir un dolor profundo por haber ofendido a Dios, y en cambiar radicalmente de actitud frente a lo que sea incorrecto en mi vida.

El verdadero arrepentimiento no coquetea con la maldad, con la tentación, con el pecado, el verdadero arrepentimiento nos incita a huir de esas cosas, a apartarnos de toda contaminación porque entendemos el dolor que produce fallarle a Aquel que lo entregó todo por nosotros.

También es importante recordar que es prácticamente imposible llegar a un verdadero arrepentimiento sin que el Espíritu Santo trate con nosotros revele la verdadera magnitud de nuestras fallas.

Muchos creyentes tratan de cubrir sus pecados ocultos con cánticos, con la lectura de la Palabra, o incluso distrayéndose en la obra del ministerio. Sin embargo querido amigo, el pecado siempre trae consecuencias y si usted no se arrepiente quedará expuesto al enemigo. El deseo de Dios es perdonarlo, restaurarlo hacerlo libre y usarlo como un poderoso instrumento para engrandecer el Reino de Dios.

Uno de los grandes ejemplos de lo que es el verdadero arrepentimiento lo encontramos en la vida del rey David, quien compuso un salmo lleno de sentimiento, de corazón, para también haciendo una confesión detallada de su pecado, esta confesión quedó registrada en el Salmo 51 y me gustaría invitarlo a que hiciera de este cántico su oración personal.

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre, he aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve”.