22 DE OCTUBRE · VENCIENDO LA ADVERSIDAD A TRAVÉS DE LA FE

Hemos estado aprendiendo acerca de la oración por excelencia, el Padrenuestro. Jesús sabía que enfrentaríamos momentos en los cuales deberíamos orar para no caer en tentación. El significado de “no nos metas en tentación” es: “Danos la fuerza ,o la fe para soportar la prueba”.

El propósito de la tentación, es hacer que las personas quiten sus ojos de Jesús y los pongan en las circunstancias. El apóstol Pedro en un acto de osadía, cuando Jesús caminaba sobre las aguas en medio de la oscuridad y de la tormenta, le dijo: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14:28-31).

Como sucedió con Pedro, suele suceder también con cualquier creyente, que en medio de la adversidad se siente fuerte, pero hay un momento, donde esta supera nuestro entendimiento, y si nuestra fe no es muy solida, sucumbimos en la duda y el temor. Pero la misericordia de Dios es tan grande que a pesar de nuestra incredulidad, Él nos extiende su mano para salvarnos. Recordemos que estamos en un cuerpo humano, pero también somos seres espirituales, y esta naturaleza, debe dominar sobre la naturaleza humana.

El pueblo de Israel no entendió este principio, trató de vivir en la carne y quiso hacer de la naturaleza espiritual algo muy similar a la naturaleza carnal. No entendió lo que era vivir en la fe, por eso Dios no se agradó de ellos y quedaron postrados en el desierto. El apóstol declara: “Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se entregó al desenfreno” (1 Corintios 10:7). El pueblo se desenfrenó en su pecado, porque todo lo que lleva al desenfreno es idolatría y todo desenfreno lleva a la destrucción. Durante sus vacaciones en la costa, una familia presenció una gran tempestad. Un niño de doce años, que miraba desde la ventana, se fijó en que sólo la boya flotaba serenamente en aquel turbulento mar y se mantenía en su lugar a pesar de los vientos fuertes.

El niño comentó con los demás que la boya era la única cosa que había allí afuera que parecía no tener miedo, porque aunque se hundía de vez en cuando, siempre volvía a subir sin daño y en el mismo lugar. Entonces el papá les explicó que la boya se mantenía firme a pesar del viento fuerte porque estaba amarrada a un ancla en el fondo del mar, y agregó que también así es nuestra vida.

Cuando nuestra fe está anclada en Cristo podemos enfrentarnos sin temor y con calma a cualquier viento contrario en la vida. No existe bendición como la de una perfecta confianza en el Señor