22 DE FEBRERO · VENCIENDO EL RENCOR

Ayer compartimos acerca de la importancia de reconocer la necesidad de perdonar, hoy estaremos aprendiendo acerca del segundo aspecto el cual es: someterse a Dios.

Cuando uno se somete a Dios puede resistir el rencor y el resentimiento. No hay manera de vencer al adversario si uno no se somete completamente a Dios, pero esto implica llevar una vida de obediencia a Su Palabra. Dios estará satisfecho en pastorear a aquellos que tienen un corazón dócil y humilde ante Él. Días atrás se acercó una pareja que quería hablar conmigo. Ella estaba bastante dolida porque se había enterado que su esposo le había sido infiel varios años atrás. Estaba resentida contra Dios, porque en lo profundo de su corazón, lo culpaba por haberle fallado al no impedir la infidelidad de su cónyuge. Por causa de esta amargura su vida espiritual se estaba secando, aún llegó a pensar que jamás podría volver a ser útil en el ministerio. Cuando le dije que Dios quería bendecirla en su servicio a Él, su rostro se iluminó, y vino a su vida una luz de esperanza. Pero le advertí que era necesario perdonar a su esposo de todo corazón para que esto se hiciera una realidad. Ella me respondió: – “Es que ya no puedo confiar en él. ¿Qué me puede garantizar que no volverá a fallarme?-.

Le expliqué que el perdón es un acto de fe, así como Dios un día creyó en nosotros y nos perdonó de todo corazón, olvidándose de todo lo malo que habíamos hecho. Dios perdona y olvida. Luego le dije: – “¿Tal vez necesitas que Dios te perdone algo?”-. Ella me respondió: -“Si, mucho”-. Aquel día esa mujer tomó la decisión de perdonar a su esposo de todo corazón y expresándolo con sus propias palabras dijo: “Nunca más en mi mente admitiré un pensamiento negativo o de duda hacía ti”. Al terminar la oración se abrazaron, lloraron y una completa restauración vino a sus vidas.

Esta mujer sometió su vida a Dios, a pesar que el enemigo había trabajado durante muchos años en sus pensamientos, pudo extender un genuino perdón, lo cual hizo que el adversario perdiera por completo el control de su vida, pues ella pudo resistir la duda y el temor en el Nombre de Jesús.

A través de los años de mi vida cristiana, he aprendido a vivir a diario lo que es el genuino sometimiento a Dios, el cual se alcanza por medio del perdón, llevando cada ofensa a la Cruz del Calvario, y por medio de la Sangre de Jesús, transformar ese dolor en fortaleza, para así resistir al adversario y derribar todo argumento que se haya levantado en contra de nosotros, esto lo podemos ver en 2 Corintios 10:4-5.