11 DE MAYO · UN NUEVO COMIENZO

Después de haber vivido mas de cuatrocientos años bajo la opresión y esclavitud en la tierra de Egipto, el Señor establece lo que vendría a ser un nuevo comenzó para la nación de Israel. Esto significaba un antes y un después en las vidas de ellos. Con la celebración de la pascua, la historia de Israel se partió en dos; todo su pasado en Egipto no le sería tomado en cuenta, pues entraban a una nueva faceta en sus vidas. Algo similar fue lo que aconteció con la venida de Jesús, pues con Su nacimiento, Su ministerio, Su muerte en la Cruz y Su resurrección de entre los muertos, partió la historia de la humanidad en dos. Esto mismo sucede con cada persona que acepta a Jesús en su corazón como el Señor y Salvador de su vida; cuando Él comienza a morar en nosotros, todo el pasado de esclavitud queda borrado por la Sangre de Jesús.

Jesús había enseñado a Sus discípulos diciéndoles: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Cuando se enfrentó a la muerte, ésta lo hirió, pero la Sangre derramada por Jesús salpicó el dintel y los postes de la casa, y tal casa somos nosotros, los que vinimos a ser parte de Su iglesia por medio de la fe en Su obra redentora y de esta manera Su Sangre nos da protección permanente. “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12).

La ofrenda que agrada a Dios es aquella que va respaldada por sangre, y me refiero a la Sangre de Jesús. Sólo hay un camino para que el rebelde se convierta en una persona recta, y es a través del sacrificio de Jesús. La gracia de Dios va más allá de lo que imaginamos, pues Su Hijo decidió tomar nuestro lugar y pagar por nuestros delitos. Por medio de la Sangre que Él derramó, nos reconcilió con Dios. En la última cena, Jesús “… tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19-20).

Estas fueron las palabras pronunciadas por Jesús horas antes de comenzar Su agonía. La copa representa Su Sangre, que fue el precio que el Señor tuvo que pagar por nuestra redención.

El lugar más íntimo del Padre Celestial se conoce como el Lugar Santísimo. Que fue a donde Jesús entro después de su muerte, resurrección y ascensión al cielo. Esto significa que cada uno de nosotros también debemos estar listos para cuando tengamos que partir a nuestra morada eterna.