17 DE ABRIL · UNCIÓN PARA GANAR

Eliseo recibió la doble porción de la unción que había posado sobre Elías, cuando él hablaba su palabra era expresada con autoridad y poder. Aunque la mujer sunamita era una persona muy importante, reconoció la unción que había sobre el profeta y le abrió las puertas de su casa, preparándole una habitación para descansar. Ella lo hacía de una manera desinteresada; sin embargo, el profeta quiso retribuirle su amabilidad. Supo que no tenía hijos y le trajo la promesa de parte de Dios que en un año tendría un niño. Y así fue, pero a la edad de doce años, él mismo enfermó y murió.

Aquella mujer quedó sumamente afligida por la muerte de su hijo, pero con determinación decidió acudir al profeta en busca de una respuesta a su situación. Pudo discernir cómo el criado de Eliseo no tenía la misma medida de fe que el profeta. Aunque Giezi había hecho lo que Eliseo le había mandado, no obtuvo respuestas. De modo que la mujer fue directamente al profeta y se aferró a él hasta obtener una respuesta afirmativa del siervo de Dios.

“Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama” (2 Reyes 4:32). Eliseo tomó conciencia de la situación, pues sabía que el niño no estaba durmiendo, sino que ya estaba muerto. Consecuentemente, su forma de orar debía ser con una fe determinante.

Creo que todo ganador de almas tiene que ser confrontado con personas que no están dormidas sino muertas en sus delitos y pecados, a quienes lo único que podrá levantar, de entre los muertos, es el poder vivificador de Dios. Y este poder divino sólo actuará a través de una fe determinante.

El día en que mi familia y yo sufrimos el atentado, recibí cinco impactos de bala en mi cuerpo. Aunque éste era un decreto de muerte para mí, la fe de mi esposa fue determinante para que yo volviera a la vida. Claudia me tomó del brazo y con voz de autoridad me dijo: ‘César, no te mueras’. Pude oír su voz a lo lejos y luego oí otra voz que me decía: ‘¿Crees que te mueres o que te salvas?’. De mi respuesta dependería todo. Gracias a Dios fue afirmativa, y por eso Dios prolongó Su misericordia concediéndome la vida.

Estoy completamente seguro que si mi esposa no se pone en la brecha y libra la batalla por mi vida, habría culminado mi carrera. Todo el tiempo que estuve inconsciente en la clínica, mi esposa no decayó en la fe, ni por un segundo; ella sabía que si se debilitaba, yo moría. Se mantuvo como un ángel guardián alrededor de mi cama y no permitió que personas sin un buen nivel de fe se acercara a orar por mí. No se dejó guiar por los reportes médicos, sino que mantuvo su confianza que el Dios, al cual servimos, nos daría la victoria.