FEBRERO 13 · UNCIÓN PARA GANAR A LOS PERDIDOS

Al recibir el poder de Dios en nuestra vida nos convertimos en testigos eficaces del Señor Jesucristo.  El Apóstol Pablo llegó a ser uno de los más aguerridos predicadores del cristianismo. Él proclamaba la salvación de Jesucristo con toda su alma; consumía su corazón gimiendo por aquellos que no conocían al Señor y clamaba a Dios, para que Él extendiera Su misericordia y los salvara.  

Él anhelaba profundamente la salvación de la gente de su nación pues sentía pasión por ganar a los perdidos. 

¿Es usted consumido por la pasión de alcanzar a las personas que lo rodean, que aún no conocen a Jesús? Pablo dijo: “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16).

Piense en esto: ¿Cuántas personas podrían ir al infierno, si usted, hoy, dejara de predicarles? Usted tiene que consumirse en pasión por la ciudad donde vive, por su nación. Si decide ser un evangelista, Dios mudará su corazón, le dará las estrategias para ganar, y le proveerá la unción para salir con poder.  Cuando hablo de poder, me refiero a que la presencia de Dios lo respaldará y sucederán milagros. Debemos atrevernos a confiar en el Señor. 

A veces, al orar por los perdidos, no lo hacemos de todo corazón. Recuerdo que aunque oraba por uno de mis hermanos -el más rebelde-, nada sucedía.  Un día, Dios habló a mi vida y me dijo: “¿Acaso será más fuerte el diablo que Jesucristo?”. Eso me estremeció y dije: “No. No hay nadie más poderoso que Jesús”.  El Señor me enseñó entonces que no sólo debía orar por él sino que debía hacer guerra espiritual por él, pelear por su salvación hasta que sea traspasado de las tinieblas a Su reino admirable. Después de perseverar en la guerra espiritual durante diez días, mi hermano fue completamente libre de la opresión del adversario.