FEBRERO 11 · UNCIÓN PARA GANAR

Eliseo recibió la doble porción de la unción que había posado sobre Elías, cuando él hablaba, su palabra era expresada con autoridad y poder. Aunque la mujer sunamita era una persona muy importante, reconoció la unción que había sobre el profeta y le abrió las puertas de su casa, preparándole una habitación para descansar. Ella lo hacía de una manera desinteresada; sin embargo, el profeta quiso retribuirle su amabilidad. Supo que no tenía hijos y  le trajo la promesa de parte de Dios que en un año tendría un niño. Y así fue, pero a la edad de doce años, el mismo enfermó y murió.

Aquella mujer quedó sumamente afligida por la muerte de su hijo, pero con determinación decidió acudir al profeta en busca de una respuesta a su situación. Pudo discernir cómo el criado de Eliseo no tenía la misma medida de fe que el profeta. Aunque Giezi había hecho lo que Eliseo le había mandado, no obtuvo respuestas. De modo que la mujer se dirigió directamente al profeta y se aferró a él hasta obtener una respuesta afirmativa del siervo de Dios. 

 “Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama” (2 Reyes 4:32). Eliseo tomó conciencia de la situación, pues sabía que el niño no estaba durmiendo, sino que ya estaba muerto. Consecuentemente, su forma de orar debía ser con una fe determinante. 

Creo que todo ganador de almas tiene que ser confrontado con  personas que no están dormidas sino muertas en sus delitos y pecados, a quienes lo único que podrá levantarlos de entre los muertos, es el poder vivificador de Dios. Y este poder divino sólo actuará a través de una fe determinante.