20 DE ABRIL · UNCIÓN QUE DA VIDA

“Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos.” (2 Reyes 4:35).

Aunque el cuerpo del niño había entrado en calor, los síntomas de vida no se habían manifestado.

En ese momento la batalla en el mundo espiritual se hace muy fuerte, pues el enemigo trata de sembrar la semilla de la duda. Después que Jesús maldijo la higuera y ésta se secó, dijo a sus discípulos: “…Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:22-23).

El Señor usó esta situación de la higuera para enseñar a Sus discípulos que la fe puede cumplir su propósito si logramos perseverar en oración, sin permitir la duda dentro de nosotros. No actuemos como Pedro, quien en un momento sintió que tenía toda la fe del mundo para caminar sobre las aguas mas, al mirar las olas y los fuertes vientos, su fe se esfumó y empezó a hundirse de una manera tan rápida que tuvo que clamar por misericordia, y el Señor le reprendió por su falta de fe (Mateo 14:28-31).

Al cuarto día de haber sido internado en la clínica, después del atentado, fui atacado por una fuerte infección y todo lo que los médicos habían avanzado, en un solo momento, retrocedió. Me encontraba como al inicio de la hospitalización. Cuando mi esposa recibió la noticia, no se debilitó en su fe por el reporte médico, mantuvo la confianza, esperando por el milagro. Durante los diez días que estuve inconsciente en la clínica, con un reporte médico incierto, ella estuvo en ayuno y oración. Sentía en su corazón que no podía soltarme de la intercesión ni un solo instante, pues mi vida dependía de su fe y perseverancia.

Al mismo tiempo, se sentaba al lado mío y me hablaba de nuestra nueva vivienda, de cómo Dios me sacaría de la clínica y cómo pronto podría estar de nuevo con mis hijas. Aunque estaba inconsciente, podía entender todo lo que ella me hablaba; sentía cuando me decía que me amaba, y eso me llenaba de aliento para batallar contra la muerte y esforzarme por regresar para disfrutar a mi familia y compartir con los miembros de la iglesia. Creo que mi esposa experimentó lo mismo que el profeta, y por esto Dios honró su fe como la de aquel hombre.

Para lograr que Dios dé vida a alguien que está muerto a causa de su pecado se requiere mantener en alto nuestro nivel de fe; si realmente queremos que alcance la vida, no podemos dejarnos guiar por las circunstancias. Debemos luchar para que nuestra fe prevalezca.

“Después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos” (Verso 35c).

Dios le devolvió la vida y la visión. La obra de Dios siempre es perfecta, y si Él devuelve la vida, también rehabilitará la visión; pues sin visión, el pueblo perece.