JUNIO 16 · UNCIÓN DE RECONCILIACIÓN

En el día de ayer vimos como podemos llamar a Dios Padre y cerramos hablando del ministerio de Elías; que seria de reconciliación. Hoy vamos a continuar con el tema; pues si no hay restauración entre padres e hijos, Dios herirá la tierra con maldición. Elías no estaba hablando por sí mismo, estaba hablando las palabras de Dios. Cada uno de nosotros es como un profeta y nuestras palabras son como profecías, cuando salen de nuestros labios se convierte en una semilla. Si es negativa, será una mala semilla; mas si es una palabra de fe, de esperanza, un vocablo netamente positivo será una buena semilla. El proverbista dijo: Cada palabra que usted pronuncie será luego su alimento, lo que siembre hoy a través de sus palabras es el fruto que deberá comer mañana. ¿Cómo cree que serán sus discípulos en unos años? Ellos serán el resultado de lo que usted haya creído de ellos, pues usted sólo puede confesar aquello que realmente cree en su corazón.

Elías era un hombre que conocía en profundidad el poder de las palabras, también sabía que Dios lo había llamado a restaurar el altar que el pueblo de Israel había profanado y derribado por medio de sus actos. Quien había sido el primero en dar este mal ejemplo de volverse a otros dioses era el mismo rey y todos aquellos que estaban a su alrededor, por eso Dios tuvo que levantar a Elías en esta época de apostasía y enviarlo a la nación de Israel a enfrentar al rey que los estaba gobernando, y a su pueblo, de una manera sobrenatural para que cayera de sus ojos el velo y pudieran reconocer que el dios que adoraba su rey, conocido como Baal, no era el Dios verdadero, sino un simple ídolo.

Elías tuvo que confrontar al pueblo diciéndoles: ¿Hasta cuándo claudicarán entre dos pensamientos? Usted no puede servir a dos pensamientos. No puede el domingo en la mañana pensar en Dios y el resto de la semana ser esclavo de sus propios deseos carnales. Debe llenar su mente con la Palabra de Dios; pues los pensamientos del diligente, ciertamente tienden a la abundancia (Proverbios 21:5)