12 DE NOVIEMBRE · UNA VIDA DE FE

Es importante entender que toda La Biblia fue inspirada en la fe. Gracias a aquellos hombres sencillos, pero a la vez santos, nosotros pudimos recibir la revelación de la Palabra de Dios dada a través de sus vidas. Ellos sabían que todo lo que escribieran sería de guía espiritual para las generaciones venideras. Si quitáramos la palabra “fe” de La Biblia, ésta carecería de valor alguno. Lo que la diferencia de cualquier otro libro, es sencillamente la fe. Si quitáramos la fe de la vida de los hombres de Dios, sus vidas carecerían de sentido.

Lo que los hizo distintos a cualquier otro hombre, fue justamente su fe ejemplar. Si pasáramos por alto la fe de Moisés, no leeríamos acerca de la liberación del pueblo de Israel, ni de los portentosos milagros y prodigios que Dios realizó, los cuales le trajeron renombre ante todas las naciones de la tierra. Si no hubiese sido por la fe, Josué no se hubiera atrevido a hablarle al sol y a la luna para que éstos le obedecieran, y de esa manera, lograr el día más largo de la historia, el cual fue necesario para poder exterminar a sus adversarios.

Cada historia, cada frase, cada parábola plasmada en las Sagradas Escrituras, están con el propósito de ayudarnos a crecer en la fe, en la gracia y en el conocimiento de Dios. Dios no tuvo que recurrir a materiales preexistentes para crear el universo. Él hizo todas las cosas con su mismo poder. El autor de la carta a los hebreos nos presenta a Dios como el arquitecto, como el diseñador que trabaja en ideas, tanto en lo macro como en lo microscópico, que piensa en los detalles de las cosas grandes y en las pequeñas; todo con el propósito de proporcionarle los elementos que el ser humano requería, para que disfrutara de plena felicidad. No obstante, el único requisito que el hombre debía cumplir, era el de mantener una buena relación con Dios, obedeciendo a su Palabra en todo.

Pero, toda esta felicidad se interrumpió cuando el hombre escogió sus propios caminos y quiso conseguir la felicidad según él la entendía, por sus propias fuerzas, haciendo a un lado a Dios y a su Palabra. Desde entonces, el hombre ha estado vagando por este mundo, sin tener un rumbo fijo. Antes de que existieran las cosas, Dios ya existía. Dios no tuvo comienzo de días, ni tendrá fin de días. Si nos remontamos al origen de este sistema de las, encontramos que todo tuvo un comienzo. En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Antes de todo solo estaba Dios lo que existe. Cuando reinaba el desorden, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo; y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. La expresión “Y dijo Dios”, significa que Dios habló y el universo existió.