8 DE NOVIEMBRE · UNA VIDA DE FE

Dios nos creó para que fuésemos grandes conquistadores, para ello nos dotó de capacidades especiales que, orientadas por Su voluntad, habrían de ayudarnos a alcanzar los más nobles propósitos y los más anhelados sueños, pero para lograrlo debemos caminar en la dimensión de la fe.

Usted debe entender que la fe no está en nosotros, está en Dios, y solamente cuando tenemos contacto con Su Palabra, nuestro entendimiento se abre y podemos conocer Su voluntad para nuestras vidas. San Pablo dijo que la fe viene cuando oímos atentamente la Palabra de Dios y obedecemos lo que dice. Para que venga la fe, primero es necesario vivir la experiencia del arrepentimiento.

Dios tiene que limpiar nuestra vida de pecado, romper las ataduras que hayamos adquirido; entonces el Señor nos dice: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmos 32:8). Una vez rotas las cadenas de opresión y cancelada la maldición del pecado, la Palabra divina se comprende con mayor claridad y, al entender lo que Dios nos dice, se aviva la fe en los corazones. San Pablo dijo: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10).

Oír la Palabra hace que la creamos, y creerla nos eleva a una fe genuina, motivándonos a confesarla. La fe es necesaria en todas las áreas de la vida. El autor de la carta a los hebreos dice: “Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Un creyente fundamentado plenamente en la Palabra de Dios debe estar preparado para entrar en la dimensión de la fe. La Biblia dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

Luego de adquirir la salvación, es decir, el pasaporte a la vida eterna, por medio de la fe en Jesucristo, esa misma fe permite al hombre desatar el poder de Dios en todas las áreas de su vida. La fe es el único requisito que Dios exige para acercarnos a Él. El Señor no permite ni acepta otro método diferente al de la fe para tener comunión íntima con Él. Una cosa es saber que Dios existe, pero otra es tener una relación personal y permanente con el Autor de la vida, y esto solo puede lograrse a través de la fe.

La fe es esencial y no puede ser sustituida ni cambiada en absoluto por nada. Todos, por naturaleza, creemos en algo o en alguien, pero la fe va mucho más allá: nos da la certeza de que ese ser superior existe y la convicción plena de que Él vive dentro de nosotros.