JULIO 27 · UNA SOLA COSA HAGO

Los domadores de felinos acostumbran a usar una silla apuntando con las cuatro patas a la cara del animal. Como los felinos acostumbran a enfocarse en un solo objetivo, el ver cuatro a la vez los neutraliza y se vuelven mansos porque no saben cómo atacar. En el ministerio suele suceder lo mismo muchas veces; el líder intenta hacer muchas cosas al mismo tiempo y esto lo neutraliza, lo bloquea y le quita la fuerza de conquista.

Si las personas trabajan con un equipo de doce, deben enfocarse en la solidez de su equipo. Esto es una regla de oro. Miremos el ejemplo de Jesús quien durante tres años y medio se enfocó en formar a Sus discípulos, usando cada situación para darles alguna enseñanza. Es por esto que continuamente lo vemos ministrándoles: les ministró acerca de la ofrenda, del carácter, del orgullo, les ministró acerca de la fe, la fructificación y el discipulado.

Continuamente les enseñó

Cuando Los doce entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor. Jesus les dice: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande. (Lucas 9:46-48).

Les enseñó la manera correcta de ofrendar, pues la ofrenda que agrada a Dios es la que se da con esfuerzo (Lucas 21:1-4).

Por tres años y medio, Jesús anduvo con ellos en Su recorrido, y de esta manera les enseñaba las verdades eternas. Aunque Él era asediado por las multitudes, no permitió que nada lo desenfocara del trabajo con el equipo, sabía que ellos lo representarían cuando él ya no estuviera en este mundo. Por tal motivo, en la oración que eleva al Padre, que quedo registrada en Juan 17. Le presenta un buen balance de lo que había hecho con Su equipo, incluyendo al discípulo rebelde, a quien lo llama: el hijo de perdición. en cumplimiento de lo que estaba escrito.

Jesús nunca vio el trabajo con los doce como una carga o una tarea pesada, por el contrario, disfrutaba cada momento que podía compartir con ellos. Fue tal la impartición de vida que el Señor les trasmitió, que luego la gente veía en ellos los mismos rasgos del Maestro (Marcos 14:70).