31 DE ENERO · UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Una noche bien fría, en la ciudad de Oklahoma en los E.E. U.U., llevaron a una hombre temblando
ante el juez por haber robado una barra de pan. El hombre explicó que su familia estaba muriendo
de hambre y necesitaba esa barra. No tenía trabajo. Sin esperanza alguna y todo en su contra, el
hombre en desesperación, agarró la barra de pan y la escondió debajo de su chaqueta.
Atrapado ahora en su crimen en contra de la sociedad, estaba parado delante del juez quien
declaró, "Es necesario que te castigo. No podremos tener excepciones cuando se trata de la ley.
Así que tu castigo será una multa de diez dólares."
Mientras que el juez estaba mirando al hombre desesperado y temblando, puso su mano en su
bolsillo en su pantalón debajo de su toga y sacó un billete nuevecito de diez dólares y dijo, "Aquí
está tus diez dólares para pagar tu multa. Entrégalo inmediatamente al alguacil."
"A propósito", continuó el juez, "voy a multar a cada persona en esta sala de juicio cincuenta
centavos por el simple hecho de vivir en una ciudad donde un hombre tiene que robar una barra
de pan para que su familia pueda sobrevivir."
Con esas palabras el alguacil tomó su sombrero y empezó a pasarla y colectar cincuenta centavos
de cada persona en la sala. Luego volteó hacia el ladrón, le entregó $47.50 dólares y con el dinero
en la mano, salió de la sala de juicio el hombre más contento del mundo.