15 DE ENERO – UNA OFRENDA AGRADABLE

Una ofrenda agradable

“Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya”

(Génesis 4:4,5)

Las primeras dos ofrendas que fueron presentadas ante Dios correspondieron a Caín y a Abel (Génesis 4:3-5). Mas Dios se agradó de la ofrenda de Abel porque ésta era una ofrenda de sangre, lo cual tipificaba lo que un día Su propio Hijo tendría que hacer: ofrendar Su propia vida a cambio de la redención de la humanidad. Aunque la sangre de los machos cabríos o la sangre de los becerros tenían cierto poder temporal, esta clase de sacrificios se pueden comparar con puentes inconclusos que no alcanzan a conectar de una manera plena al hombre con Dios.

Jesús se ofreció así mismo por la redención de la humanidad. Si Él no se hubiera ofrecido en sacrificio, nadie sería salvo. Por eso la escritura dice: “¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:15). Sumado a esto, el escritor a los Hebreos dijo: “Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:12-14).

Así que la invitación que el Señor Jesús hace a aquellos que se encuentran perdidos en el laberinto de la vida es que acudan a Él, diciéndoles: “… Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Para aquellos que están desorientados, Jesús es el camino; para aquellos que están confundidos, Él es la verdad; y para aquellos que están muertos en sus propios pecados, Él es la vida. Jesús pagó el precio por nosotros que merecíamos la muerte. Un día, Él tomó el lugar de cada uno y se ofreció así mismo sin mancha a Dios, “para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16b).

Oración

Amado Jesús, te agradezco por ofrendar Tu vida por amor a cada uno de nosotros; gracias por dejar Tu trono de gloria y entregarte como la mejor ofrenda. Hoy creo que Tú eres el camino, la verdad y la vida y por Tu senda caminaré cada día. Te amo Dios. Amén.

Declaración

“Mi vida le pertenece a Aquel que todo lo dio por mí: a Jesús”