29 DE AGOSTO · UNA NUEVA VIDA EN CRISTO

Años atras, una de mis hijas nos pidió de regalo un perrito y quisimos complacerla; luego, con una de sus hermanas nos insistieron en la idea de que necesitaba su compañera y también las complacimos. Esta experiencia de tener estos dos animales dentro de nuestra casa fue algo muy agradable; pero aunque les dimos amor y afecto, aunque suplimos cada una de sus necesidades ellos nunca cambiaron su naturaleza. Días atrás pensaba cuántas personas volcaron todo su amor hacia una mascota, más estos animales por inteligentes y hábiles que sean, jamás podrán llenar los vacíos emocionales que hay en el ser humano.

El Señor permitió que por un tiempo el hombre estuviera acompañado solamente de animales y se pudiera relacionar con cualquiera de ellos, pero Él se dio cuenta de que jamás podrían suplir las necesidades del hombre y por tal motivo decidió crear a la mujer, la cual vino a ser ayuda idónea para el hombre. Luego Dios los bendijo para que tuvieran hijos, los cuales vendrían a ser la extensión del carácter y la naturaleza del hombre. Aunque había sido creado a la imagen y semejanza de Dios, cuando pecó su sangre se contaminó y esto afectó a toda su descendencia.

El Apóstol Pablo hizo la siguiente analogía: “No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves” (1 Corintios 15:39). Toda la raza humana queda clasificada dentro de una misma naturaleza, de manera que cualquier discrepancia ya sea racial, social o cultural, se debe más a una actitud proveniente del corazón del hombre, pero esto jamás interpreta el sentir de Dios. Así como la naturaleza del hombre es diferente a la naturaleza de los animales, también la naturaleza de los seres celestiales es diferente a la de los seres humanos (1 Corintios 15:40).

Debemos entender que los únicos que pueden experimentar este cambio de naturaleza son los seres humanos que han decidido rendir sus vidas al Señor Jesucristo. Sólo hay una manera en que el espíritu puede revivir dentro de una persona, esto sucede cuando ella acepta a Jesús en su corazón como Señor y Salvador. El nuevo nacimiento solamente se produce cuando alguien reconoce que Jesús tomó su lugar y pagó el precio de su pecado en la Cruz del Calvario; cuando esto sucede, la parte espiritual recobra vida, hay un renacer en esa persona.

Esto fue lo que Jesús quiso enseñar a Nicodemo cuando le dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Cuando se nace de nuevo, aprendemos a hablar con Dios en Su mismo lenguaje, su lenguaje es el lenguaje de fe.