10 DE ENERO · UNA DETERMINACIÓN DE AMOR

Una determinación de amor

“Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí”

(Hebreos 10:7).

 

Jesús sabía que venía a este mundo a cumplir una de las misiones más delicadas: La redención de la humanidad. Él era consciente de que si no la llevaba a cabo, no habría una segunda oportunidad de salvación para Su pueblo. Los sacrificios practicados semana a semana por Israel no eran suficientes para borrar la culpabilidad de sus almas, y por eso, Dios Padre tuvo que permitir que Jesús viniera a este mundo y se convirtiera en Cordero de expiación. La Cruz del Calvario, era el único sacrificio viable para exonerarnos del pecado de nuestros corazones y liberarnos.  

La voluntad del Padre era que Jesús redimiera a la humanidad, razón por la cual, preparó un cuerpo humano para que Su Hijo se encarnara en él, presentándose como sacrificio expiatorio, agradable y acepto ante Dios.

Siendo Dios, se hizo hombre. “El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).

Siendo rico, se hizo pobre. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

Siendo santo, se hizo maldición.  “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).  

Siendo justo, se hizo pecado.  “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Siendo sano, llevó nuestras enfermedades.  “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Oración

Amado Jesús, gracias por dejar Tu trono de gloria por venir a comprarme; te agradezco porque Tu amor es real en mí cada día; me siento amado y aceptado por Ti. Creo que Tu sacrificio fue perfecto y completo. En Cristo Jesús. Amén.

Declaración

“Hago la voluntad de Aquel que lo dio todo por mí, Jesús mi Salvador”.