2 DE OCTUBRE · UN VERDADERO ENCUENTRO

Hay diferentes tipos de lagrimas, algunos usan las lagrimas para manipular, otros para mover la autocompasión, mas el Señor habla de otra clase de lagrimas, que son aquellas que brotan de un corazón compungido por la realidad de su situación y que procuran alcanzar el favor de Dios. Podemos ver el cuadro de la mujer pecadora, que baño los pies de Jesús con sus lagrimas, y los seco con sus cabellos. Lucas 7:38.

Aunque esta mujer había recibido el rechazo de toda la comunidad, ella se acerco a Jesús como la única esperanza de su redención, y en una actitud humilde ella se postra a los pies del Señor y en su quebrantamiento baño los pies del Señor con sus lagrimas, en cada lagrima, ella expresaba el dolor de su alma por haberle fallado a Dios, sus lagrimas se convirtieron en confesiones de arrepentimiento, y el Señor las acepto y dijo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amo mucho, y añadió: tu fe te ha salvado ve en paz. Lucas 7:47-50.

Tener un encuentro personal con Jesucristo es la experiencia más maravillosa que puedes alcanzar. Solo a través de la obra del Señor en la cruz del calvario es que podemos relacionarnos con Dios y entender los beneficios obtenidos por medio de su obra redentora. Cuando Jacob tuvo su encuentro cara a cara con el ángel del Señor, él dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Génesis 32:30).

El profeta Isaías quedó asombrado cuando vio la gloria del Señor y exclamó: “¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:5). El rey David, después de ser confrontado por el profeta Natán, se humilló confesando su pecado, imploró ser purificado con sangre y experimentó un genuino arrepentimiento, diciendo: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmos 51:17). El apóstol Pablo expresó: “Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, porque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos” (Hechos 17:27-28).

“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13). El encuentro anula nuestro yo para que reine Jesucristo y podamos decir como Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gálatas 3:20).

Apreciado amigo, la única manera de conocer a Jesús, es invitarlo por fe a su corazón, para que pueda comprobar que su presencia, ilumina todo en su vida.