17 DE SEPTIEMBRE · UN NUEVO MANDAMIENTO

El Señor Jesús sabia que tenia las horas contadas antes de partir de este mundo, “y se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:4-5).

Aunque Pedro se rehusó a aceptar esto, el Señor le dijo: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”. (V.8). luego el Señor les da un nuevo mandamiento: “Que os améis unos a otros; como yo os he amado”. La mejor manera para poder conocer el corazón de Dios es a través de su palabra; pues en la medida que estemos estudiando las escrituras, el espíritu Santo, estará trayendo revelación a nuestras vidas, y el mismo se encargara de abrir nuestro entendimiento, para que podamos entenderle porque estamos en este mundo, y de este modo podremos saber que es lo que Dios quiere que nosotros hagamos; pues a esto es a lo que se refiere el proverbista; pues hallar el propósito, es hallar la vida.

Pero ¿Quiénes son aquellos que logran comprenderlo? Aquellos que cuando reciben la palabra de Dios, no dejan pasar más tiempo, sino que con diligencia consagran sus vidas a Dios para poder recibir el conocimiento de su palabra. Si las personas lograran comprender por un momento, que lo único que nos puede llevar a una vida de prosperidad, es el contacto con la palabra; estoy seguro que nos esforzaríamos por pasar mas tiempo en contacto con la palabra, que el estar corriendo de aquí para halla afanados por alcanzar la provisión diaria. Esto fue lo que el Señor dijo: “Las riquezas y la honra están conmigo; Riquezas duraderas, y justicia.” Proverbios 8:18. Podemos observar que las riquezas no están en nuestras fuerzas, ni en nuestra habilidad, o en el poder de influencia que tengamos. Todo aquello que mas anhela el ser humano y para lo cual desgasta la mayor parte de su vida; están en el Señor: riquezas y no son riquezas pasajeras; sino permanentes; esto es que beneficia a nuestros descendientes por varias generaciones.

Además sin que tengamos que hacer alarde de que somos personas honorables, el Señor es el que se encargara de ponernos en un lugar de privilegio. “Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; Y mi rédito mejor que la plata escogida.” Proverbios 8:19. Que interesante lo que el Señor nos enseña; que el fruto que proviene de la palabra, es de más valor que el oro refinado; y la cosecha que obtendremos por haber creído en la palabra, es superior a la plata escogida. “Por vereda de justicia guiaré, Por en medio de sendas de juicio, Para hacer que los que me aman tengan su heredad, Y que yo llene sus tesoros.” Proverbios 8:20-21.