FEBRERO 3 · UN FUNDAMENTO FIRME

Pedro entendió que él era una piedra más dentro del edificio. Cuando Jesús dijo “edificaré mi iglesia”, se estaba refiriendo a las personas, a cada vida, porque la iglesia del Señor no está conformada por paredes, sino por seres humanos, individuos sobre los cuales debe verterse el carácter de Cristo. 

Aunque Jesús pudo haber vertido Su vida en las multitudes, no lo hizo, sino que prefirió trabajar hábilmente en la formación del carácter de doce personas; y al igual que el alfarero con el barro, por tres años y medio le dio forma al carácter de cada uno de ellos, fue lo mismo que expresó Job: “tus manos me hicieron y me formaron” (Job 10:8). 

Recordemos que antes de ascender al cielo, el Señor reunió a sus discípulos y observó que faltaba algo para culminar la obra en ellos: el soplo divino para que pudieran hacer el trabajo evangelístico en las diferentes naciones de la tierra, fue por eso que dijo: “….Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:21-22).

No sabemos cuánto tiempo le tomó a Dios darle forma al cuerpo de Adán, pero sí sabemos que al Señor Jesús le tomó tres años y medio darle forma a las doce personas que había seleccionado, teniendo que cavar profundamente en sus vidas, así como el constructor que tiene que hacerlo según lo que desea construir. 

Al igual que el arquitecto que entrega una maqueta al constructor para que se sujete a lo que éste desea, del mismo modo Jesús tuvo que dejarles a sus discípulos un modelo de vida al que ellos deberían proyectarse. Pablo lo entendió perfectamente cuando dijo: “…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo…” (Ef. 4:13).