ENERO 29 · UNA FE QUE CRECE

Dios nos ha dado la capacidad de creer para cambiar las circunstancias positivamente, para lo cual es indispensable oír lo que Él dice al respecto, pues todo lo que nosotros queramos conquistar, tiene que estar soportado por la Palabra de Dios.

Dentro de la Palabra de Dios está la semilla de vida y cuando esta cae en un corazón sano y lleno de fe, germina y da el fruto del milagro que se desea; pero solo nuestra fe pone todo en acción. Debemos entender que nuestros oídos tienen la capacidad de escuchar muchos sonidos a la vez, pero el éxito de oír la voz de Dios depende de nuestra atención. Es decir, debemos estar muy atentos, para saber identificar con claridad la voz de Dios en medio de tantas distracciones.

La mejor manera de lograrlo es saturar nuestra mente de la Palabra de Dios, entendiendo que Ella permanece intacta, es decir, conserva el mismo poder que siempre ha tenido. Así como fue poderosa en la época de los profetas, tiene el mismo poder en nuestros días. Es necesario entender que la Palabra de Dios no está sujeta ni al tiempo ni al espacio, Dios no se rige por las leyes humanas. Dios estableció el tiempo para los seres humanos. La Palabra de Dios está en el plano espiritual y siempre lo espiritual domina sobre lo natural.

La Palabra, cuando sale de la boca del Señor, no puede regresar hasta que haya cumplido todo aquello para lo cual fue enviada (Isaías 55:10-11), es decir, mientras haya una sola vida dispuesta a creer esa Palabra, la Palabra tiene que estar presente, cumpliendo su misión en esa vida. Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Marcos 13:31).