12 DE MAYO · UN EJEMPLO DIGNO DE IMITAR

Uno de los más grandes hombres que ha tenido el cristianismo fue el apóstol Pablo, quien era conocido como Saulo de Tarso. Antes de convertirse al Señor era un acérrimo perseguidor de los cristianos, pero tuvo una experiencia que transformó completamente su vida, llevándolo a defender la doctrina que antes condenaba.

¿Qué lo hizo cambiar de parecer? La respuesta es muy sencilla: vivió la Revelación de la Cruz. A todo aquel que tenga un encuentro personal con Dios, la Cruz de Cristo le será revelada, y esto es lo único que podrá transformar verdaderamente los corazones. Él dijo: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14)

La misión del apóstol era:

1. Abrir los ojos del entendimiento de las personas. Cuando los ojos espirituales de alguien son abiertos, ellos comprende que son los más grandes pecadores de este mundo; eso mismo fue lo que experimentó el apóstol Pablo, razón por la cual dijo: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:24-25a).

2. “…para que se conviertan de las tinieblas a la luz”. La conversión debe ser plena y total. Dios desechó al pueblo de Israel pues su conversión fue de labios y no de corazón. Juan el Bautista le dijo a aquellos que acudían a ser bautizados: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8). La conversión está muy ligada al cambio de estilo de vida. El creyente debe esforzarse por hacer aquellas cosas que agradan a Dios.

3. Que entiendan que han sido trasladados del dominio de Satanás al Señorío de Jesucristo.
El adversario, aprovechó la debilidad humana para esclavizar al hombre y llevarlo por la senda que a él placía y todos los caminos del adversario conducen a la muerte, mas cuando vino Jesús, todo cambió, como lo dijo el apóstol Pablo: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” (Efesios 2:1).

4. Que reciban por la fe, perdón de pecados. Una de las estrategias del adversario ha sido esclavizar a las personas por medio de la culpabilidad, haciéndolos sentir que sus pecados no han sido perdonados, ejerciendo de esta manera un control sobre sus vidas.

5. Y que reciban herencia entre los santificados. Pablo dijo: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32).

Si Dios entregó lo que más amaba, Su propio Hijo, para que nosotros fuésemos salvos por el simple hecho de creer en Él, ¿no nos proveerá todo lo que necesitamos?