ENERO 21 · UN CORAZÓN SANO

El Señor Jesús derramó Su preciosa Sangre en siete ocasiones y la revelación del Espíritu Santo me ha permitido entender que ninguno de esos derramamientos fue en vano, al contrario, cada uno tiene un poder y un propósito especifico. La iglesia cristiana no está llamada a solamente sobrevivir los ataques del enemigo, sino a conquistar con poder y autoridad; la única manera de lograrlo es a través del poder de la Sangre de Jesús. 

El primer derramamiento del Señor Jesús fue el de la Sangre que brotó de Su frente como grandes gotas de sudor por la agonía que sintió cuando estaba en el huerto de Getsemaní, poco antes de ser traicionado por uno de sus discípulos. Este derramamiento cumple el propósito de sanarnos dela traición y de liberarnos de toda maldición generacional producida por la desobediencia. 

Esta Sangre también tiene el poder para liberarnos de cualquier maldición generacional. Es importante que usted aprenda a identificar si hay alguna raíz de maldición en su vida, para que pueda orar específicamente aplicando este derramamiento y alcanzar la libertad total. 

Quiero invitarlo a que hoy tome una de las mejores decisiones que puede tomar en su vida: perdonar a quienes lo lastimaron. El resentimiento, la amargura, el dolor, el desespero, la desconfianza y la sed de venganza, son el fruto del veneno de la traición. Ahora, lo que muchos no entienden es que mientras no per- donen a quienes los lastimaron, están permitiendo que esos frutos incorrectos controlen su vida y el resentimiento solamente lleva a más y más dolor. ¡Es hora de cambiar el rumbo! El perdón es la primera medicina divina para un corazón herido, por eso Jesús enseño: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15).