30 DE NOVIEMBRE · UN CORAZÓN CORRECTO

El Señor Jesús usa una parábola para enseñar a sus discípulos el efecto tan diferente que tiene la palabra de Dios al ser sembrada en los corazones de las personas, usa la parábola del sembrador. Pero el mayor énfasis lo hizo en la buena tierra, que son aquellos que no han permitido el odio, la amargura, el resentimiento, ni la envidia y mucho menos la malicia. Pues “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34b)

“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca (habla) buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca (habla) malas cosas” (Lucas 6:45)“porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37).

Alguien muy importante le pregunto al Señor: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.” (Lucas 19:18,19). Cuando el Señor vio que era una persona estrictamente religiosa le dijo: “Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.” (Lucas 19:22,23).

Este hombre había hecho del dinero un ídolo y lo escondía detrás de una apariencia religiosa y cuando el Señor lo desenmascaro, este quedo sin piso y por eso quedo triste.

Un corazón recto. Esto es sinónimo de integridad, ausente de egoísmo y vanidad. Es un corazón enfocado. Ahora, cuando un corazón se tuerce, es imposible que se enderece, por eso el profeta dice: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación” (Salmos 24:3-5).

Un corazón retenedor de la palabra de Dios. “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. “Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:25).

Un corazón que es perseverante.La perseverancia no mira las circunstancias, se sobrepone a todo obstáculo, se aferra a las promesas divinas y diligentemente las reclama. Como lo expresó el apóstol Pablo: “Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles” (Hechos 26:22-23).

Multiplicación. Jesús dijo: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:1-2). Jesús espera que desde el primer momento de nuestro encuentro con Él, dentro de nuestro corazón llevemos la semilla de la fructificación, y cuando esto suceda, el Señor nos limpiará para que estemos listos a crecer y llegar a la multiplicación.