FEBRERO 20 · TRASMITIENDO VIDA A TRAVÉS DE LA ORACIÓN

Eliseo puso en acción toda su fe y decidió unir su cuerpo con el cadáver del niño; lo hizo de tal modo que juntó sus ojos, su boca y sus manos con las del pequeño, para que el cuerpo entrara en calor y recobrara la vida. Años después, el Señor llevó en visión al profeta Ezequiel a un valle lleno de huesos secos y le preguntó: “…Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová” (Ezequiel 37:3-4).

Ezequiel tuvo que crear toda una atmósfera profética para que pudieran vivir los huesos secos, los cuales representaban la casa de Israel. De una manera similar, nos encontramos ante la mortandad espiritual de la gente de nuestra ciudad, de nuestra nación, sin saber cómo poder transmitirles vida. 

Dios quiere que nos apropiemos de la necesidad espiritual de nuestra ciudad y levantemos una nube de oración a favor de ella, que nos extendamos sobre sus habitantes y juntemos nuestra Visión a la visión de ellos, nuestros labios a los labios de ellos y nuestras manos a sus manos, confiando que el Señor usará esta medida de fe para darles vida. Eliseo estaba determinado en su espíritu a que el niño dejara de ser cadáver y volviera a vivir. Lo que hizo el profeta es lo que nosotros debemos hacer para traer vida a aquellos que están alejados de Dios. 

Eliseo decidió entrar en contacto con el cuerpo inerte del niño, ya helado por la muerte. Pablo dijo: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Corintios 6:17). El contacto del profeta con el cuerpo del niño hizo que el espíritu de vida de Eliseo fuera el instrumento utilizado por Dios para hacer que el pequeño reviviera.