8 DE ABRIL · ¿CÓMO TRAER LA GLORIA POSTRERA?

El mismo Señor, a través del profeta Hageo, presentó tres aspectos trascendentales para traer la gloria postrera a la casa de Israel. “Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová” (Hageo 1:8).

Note que son tres las sugerencias que el Señor da para poder construir la casa de Dios, las cuales son una tremenda enseñanza para nuestras vidas:

1. SUBIR AL MONTE

“¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?”(Salmos 24:3). Si analizamos: ¿Quién puede subir al monte? A través de Hageo, el Señor dice: “Subid al monte”. Pero, ¿a qué monte se refiere? Está hablando del monte de Dios, el monte donde yace la presencia divina. David dice: “¿Quién subirá a ese monte, al monte de Dios? ¿Quién puede estar en pie en el lugar santo de Dios?”. Y al mismo tiempo otorga una respuesta: “El limpio de manos y puro de corazón, el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaños. Él recibirá la bendición de Jehová” (Salmos 24:4-5a).

Observe que subir al monte de Dios implica pureza de corazón, involucra santidad del alma, se refiere a guardar nuestros labios de palabras que no edifican, evitar expresiones negativas. Esto es lo que hace que la bendición de Dios descienda sobre nuestra vida.

2. TRAER MADERA

El Señor le está diciendo: “Suba al monte de Dios y experimente la revelación de la Cruz”. Conozca a Jesús por su propia experiencia. Compenétrese en la Cruz hasta sentir que literalmente está crucificado juntamente con él, hasta que sienta la muerte de Jesús como su propia muerte, experimentando cómo toda maldición, atadura, enfermedad y opresión del pasado queda completamente destruida en la Cruz del Calvario. Quien ha experimentado la revelación de la Cruz le es fácil edificar la casa de Dios.

3. REEDIFICAR LA CASA

En su carta a los efesios, Pablo les dijo: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20). Si miramos el desarrollo de la iglesia en los años que siguieron a los apóstoles y a los padres apostólicos, que eran los discípulos de los apóstoles, nos daremos cuenta que ésta fue una época en la cual la iglesia ardía en fuego por el Señor. A los cristianos no les importaba ofrendar sus propias vidas por causa del evangelio de Jesús.

No les interesaba ser llevados al circo romano para que los leones los destruyeran y devoraran; ellos ardían en pasión, en amor por Jesús. Sin embargo, con el paso de los años, los cristianos se fueron amoldando a las circunstancias y cayeron en el conformismo. El Señor tuvo que exhortarlos a volver al primer amor.

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” (Apocalipsis 2:4-5).