31 DE OCTUBRE · TODO HECHO NUEVO

El dueño de un negocio, miraba hacia la calle, cuando vio a una niña con sus ojos color cielo, fijos sobre algo que había en el escaparate.

De pronto la niña entró en la tienda y pidió que le enseñara un collar de finas piedras color turquesa. Lo estuvo mirando y finalmente se decidió y le dijo al vendedor: – “Quiero comprarlo para regalárselo a mi hermana, ¿Puede prepararlo como un regalo muy especial?”-, dijo la niña.

El dueño desconfiado, le preguntó: -“¿Tienes suficiente dinero?”– Sin dudar ella sacó del bolsillo un pequeño monedero, lo vació sobre el mostrador y dijo con una sonrisa de satisfacción: -“Supongo que será bastante”- Eran apenas unas cuantas monedas, pero ella las exhibía orgullosa.

Sin darle tiempo al hombre a decir nada, le explicó: -“¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana, porque desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros. Mañana es su cumpleaños y quiero que sea muy feliz con este collar que es del color de sus ojos”.-
El hombre, sin decir nada, colocó el collar en un precioso estuche y lo envolvió con un fino papel rojo. Se lo entregó a la niña y ésta salió feliz, corriendo y saltando de alegría por la calle.

Solo habían pasado unas pocas horas, cuando una joven de cabellos rubios y unos maravillosos ojos azules entró al negocio. Colocó sobre el mostrador el estuche con el collar y muy enfadada, preguntó: -“¿Este collar lo han comprado aquí? ¿Cuánto costó?”-

El dueño reconoció que él había vendido el collar, pero añadió: -“El precio de cualquier producto de mi negocio es un asunto confidencial entre mi cliente y yo”-, –“Pero mi hermana tenía solamente unas monedas”-, dijo la joven. –“Si el collar es verdadero, no entiendo, porque ella no tenía suficiente dinero para pagarlo”.-

El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio y colocó nuevamente la cinta que lo decoraba, se lo entregó a la joven y le dijo: -“Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar: ¡DIO TODO LO QUE TENÍA!”-

El silencio llenó la pequeña tienda, entre lágrimas y muy emocionada, la joven tomó el regalo y salió en silencio. “La gratitud de quien ama no pone límites para los gestos de ternura”.