24 DE JUNIO · TODO ES POR FE

Si arrancáramos la fe de la vida de los hombres de Dios, no tendría sentido su existencia. Su fe los hizo diferentes. Si quitáramos la fe de la vida de Moisés no hubieran venido los juicios de las plagas sobre Egipto, el mar Rojo no se habría abierto en dos para quedar lo seco, no habría llovido maná del cielo, tampoco habría salido agua de la roca. Hubiera sido imposible para un pueblo subsistir cuarenta años en el desierto si no fuera por la fe.

Sin fe, ¿cómo se hubiera detenido el sol cuando Josué le habló? Gracias a la fe el día más largo de la historia ocurrió, el cual ayudó a exterminar los enemigos de Israel. Fue posible gracias a la fe.

Es importante entender que toda la Biblia fue inspirada en la fe. Gracias a la fe de hombres sencillos pero santos, tenemos hoy ese precioso libro “La Biblia” a nuestro alcance. hombres consagrados a Dios la escribieron creyendo que generaciones posteriores recibirían el mensaje. Lo hicieron con fe. Toda la Biblia, desde el libro de Génesis hasta el de Apocalipsis, habla de portentos sobrenaturales. Lo que hace diferente a la Biblia de cualquier otro libro es sencillamente el elemento de la fe.

Dios no recurrió a materiales preexistentes al crear el universo, hizo todas las cosas con Su poder. Hebreos 11:3 declara: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios.”

Abraham escogió transitar por la senda de la fe, y esto le abrió todas las puertas al éxito, le dio fuerzas para superar los obstáculos, le ofreció un puente para cruzar el abismo entre lo posible y lo imposible, le permitió beber del manantial de la vida que lo rejuveneció y lo hizo vigoroso, le hizo volar envuelto en las alas del Espíritu, lo llevó a recorrer la ciudad celestial cuyo arquitecto y constructor es Dios, le permitió dejar bendición para su simiente que es Cristo y la extiende a todos los que son de la fe, a quienes aceptan de manera personal a Jesús y viven de acuerdo con Su Palabra.

El Dr. Derek Prince solía comentar que conservar siempre el mismo nivel de fe es similar a mantener el vehículo en marcha hacia delante; permitir la duda es como poner la reversa al vehículo que rápidamente se desplaza en sentido contrario. A esto se refiere el Señor al decir: “Y si retrocediere el justo, no agradará a mi alma”.