ABRIL 20 · TODO COMIENZA CON LA PASCUA

El inicio de un año representa para muchos el comienzo de un nuevo tiempo donde se han propuesto cumplir con metas y propósitos. El pueblo de Israel vivió algo similar cuando se celebró la pascua, donde sacrificarían a un cordero sin mancha y con su sangre pintarían por medio del hisopo los dinteles de la puerta para que  la muerte no tocara su morada, esto marcaría el inicio de su libertad.

Esto significó un antes y un después en las vidas de ellos. Con la celebración de la pascua, la historia de Israel se partió en dos; todo su pasado en Egipto no le fue tomado en cuenta, pues entró a una nueva faceta en sus vidas. Algo similar fue lo que aconteció con la venida de Jesús, pues con Su nacimiento, Su ministerio, Su muerte en la Cruz y Su resurrección de entre los muertos, partió la historia de la humanidad en dos. Esto mismo sucede con cada persona que acepta a Jesús en su corazón como el Señor y Salvador de su vida; cuando Él comienza a morar en nosotros, todo el pasado de esclavitud queda borrado por la Sangre de Jesús. 

Jesús había enseñado a Sus discípulos diciéndoles: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). Cuando se enfrentó a la muerte, ésta lo hirió, pero la Sangre derramada por Jesús salpicó el dintel y los postes de la casa, y tal casa somos nosotros, los que vinimos a ser parte de Su iglesia por medio de la fe en Su obra redentora, y de esta manera Su Sangre nos da protección permanente. “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13:12).