10 DE NOVIEMBRE · TIEMPO DE COSECHA

El Señor nos da a entender que no hay tiempo que perder, que la gente ya está lista para convertirse. Es como cuando el fruto está maduro en el árbol, si los segadores no lo recogen pronto éste se cae y se pierde. Lo mismo sucede a nivel mundial, el fruto está maduro y si se deja pasar ese tiempo, la gente puede endurecer su corazón, y luego se va a requerir de un mayor esfuerzo.

¿Cuántas naciones hay que han dejado pasar el tiempo de gracia de Dios y no fueron a cosechar porque se sentían satisfechas? Algunos de sus líderes decían: ya tenemos quinientas o mil personas en nuestra congregación y dejaron de hacer la obra evangelística; pasó el tiempo de gracia y los corazones fueron entregados al endurecimiento. Gracias a Dios, Colombia está viviendo uno de los mejores momentos porque, en medio de la adversidad, Dios ha puesto su mano sobre nuestra nación y nos ha bendecido con una cosecha abundante de almas.

Tener una profunda compasión por la gente es lo que nos lleva a orar por ellas, a verlas no cómo las circunstancias lo declaran, sino como Dios las ve; líderes que bendecirán naciones, familias sacerdotales, prósperos y llenos de sueños y visiones.

Al escribirle a los filipenses, el mismo apóstol dice: “Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo”. Esto es compasión, sentir tristeza por el dolor de los que se pierden y procurar que al ser ganados, reciban el cuidado que necesitan. Recuerde que lo que usted no ama, usted no ministra. Jesús en todo momento fue movido a compasión porque lo que toca el corazón de la gente es el amor. Callamos la voz del adversario amando a cada persona que nos llegue.

Cuando una persona entra en la visión, lo primero que recibe es un nuevo amor y compasión por la gente.

El apóstol Pablo conocía el valor que tiene un alma, ya que las personas que él había ganado fueron primero engendradas en sus oraciones para luego recibir sus cuidados. Pablo dijo: “Yo predico el evangelio no porque tenga deseo en recibir salario, sino porque Dios me confió esta responsabilidad y ay de mí si no predico el evangelio” (1 Corintios 9:16). Una mujer china que acababa de aprender a leer, oró diciendo “Señor, vamos a trabajar entre muchas personas que no saben leer, Señor, haz que nuestras vidas sean Biblias abiertas, para que aquellos que no pueden leer el Libro, puedan leerlo en nosotras”.

El Señor nos enseñó a través del profeta Isaías cuán hermosos son los pies de aquellos que llevan las buenas de paz. Las personas tienen que salir por sus barrios y predicar el evangelio y Dios les dará la gracia para compartir de Jesús a la gente.