7 DE SEPTIEMBRE · TIEMPO DE COSECHA

El Señor Jesús le enseñaba a Sus discípulos a través de parábolas, aprovechaba momentos de la vida cotidiana para enseñarles verdades que perduran a pesar del tiempo. Jesús toma la ley de la siembra y la cosecha y la aplica a la importancia de ganar las almas para el Reino de Dios. Teniendo pleno conocimiento que los judíos discriminaban a los samaritanos, el Señor se detuvo unos momentos para compartir con esta mujer que no era del pueblo de Israel.

Este tiempo que Jesús compartió con ella fue tan eficaz que dio fruto abundante, pues cuando entendió que la persona con la cual había compartido no era cualquier hombre sino el Mesías prometido por la Biblia, su vida cambió radicalmente. Ella no esperó tomarse algún tiempo para entrenarse para el ministerio sino que, de manera espontánea, decidió abandonar su vida pasada, la cual estaba representada por el cántaro que abandonó junto a la fuente y se fue a buscar a los de su raza para ganarlos para Jesús.

“Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer… “(Juan 4:39). “Y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo” (Juan 4:42). Jesús aprovechó esta situación para enseñarles a Sus discípulos que antes de la comida física está la redención de las almas, que esto sería más gratificante para el alma que comer el mejor manjar. Luego, el Señor los invita a no posponer el tiempo para la redención de las almas, pues ya hubo otros que en el pasado dejaron el terreno abonado y murieron sin ver ningún fruto. Jesús los invita a ser diligentes en recoger la abundante cosecha que ya está lista, sólo que los mismos que dicen ser discípulos del Señor son los que se demoran en ir a recogerla.

El Señor toma el ejemplo de esta mujer, su vida había sido un desastre en el área sentimental, muchas veces se encontrará frente a personas que sienten que sus vidas ya no tienen ningún valor, algunas hasta llegan a decir ¡mi vida ya no tiene sentido! Pero al recibir el mensaje de esperanza y salvación es cuando descubren que hay alguien extremadamente misericordioso, que no los juzgará por su pasado sino que extiende Su mano para decirles, no importa cuán profundo has caído, mi mano está tendida para levantarte y sacarte del fondo del fango porque te amo, y anhelo bendecirte. El simple contacto que esta mujer tiene con el Maestro, la transforma en una tremenda ganadora de almas. El Señor ya los había preparado para que ellos recogieran el fruto. Creo que esta es la parte más difícil para cualquier líder cristiano, pues no es sólo recoger el fruto sino retenerlo y multiplicarlo.

Este es el tiempo para que usted hable con quién nadie hablaría, entre donde nadie entraría y tenga misericordia de quien no la merecía. Este es su tiempo de recoger la cosecha que Dios preparó para usted.