24 DE OCTUBRE · TESOROS EN EL CIELO

Jesús estaba impartiendo uno de Sus primeros sermones ante una gran multitud que lo seguía. Para Él era muy fácil ver lo que había en cada corazón, y al mirar a Sus discípulos, como un solo cuerpo, percibió lo que les estaba afectando. Además, de la misma manera que un médico le advierte a un paciente que debe cuidarse en sus hábitos alimenticios, recomendándole lo que debe desechar y lo que necesita incluir en su dieta, Jesús les recetó a Sus discípulos la fórmula a través de la cual podían obtener la medicina correcta para todo lo que ellos necesitaban: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24b). Al hablar de las riquezas como un señor, Jesús da a entender que algunos las hacen su dios y se postran ante ellas y las adoran. Como alguien dijo: “Las riquezas son un buen siervo, pero un pésimo amo”. Es verdad que Dios creó las riquezas, pero el deseo insaciable del hombre, por querer tener más de lo que necesita, lo llevó a caer en la trampa del adversario.

Ese deseo se convirtió en la puerta de entrada al demonio de avaricia. Nunca ningún demonio quedará satisfecho, sin importar cuánto dinero se haya acumulado no habrá nada que lo sacie. Sin embargo, quienes sirven a Dios podrán disfrutar de una vida equilibrada, donde el Señor se compromete en suplir cualquier necesidad que Sus hijos tengan. Él les bendecirá y les dará conforme a Sus riquezas en gloria. Jesús nos enseña que pongamos toda la atención que pongamos en las cosas externas es pasajera. Además de ser personas físicas, tenemos una naturaleza espiritual que es eterna. La enseñanza que el Señor da a Sus discípulos es que deben poner en orden sus prioridades; el primer lugar es para los asuntos espirituales, ya que los otros simplemente vendrán como la añadidura que Dios da a quienes Él ha bendecido. “Entrad por la puerta estrecha” (Mateo 7:13).

La puerta que nos lleva a la vida abundante es tan estrecha que solo cabe una de nuestras tres naturalezas; nuestra naturaleza espiritual, renacida por la fe en Jesús, es la única que podrá entrar, tanto la carne como el alma deben quedar afuera. Tiene que haber un esfuerzo de nuestra parte para que esto acontezca, entendiendo que la puerta es la dependencia total de Jesús. La gran mayoría de las puertas están hechas de madera, y la madera representa ese árbol a través del cual obtenemos todo tipo de bendición: La Cruz. Así que es necesario comenzar con la revelación de la Cruz, para que la gloria de Dios se revele a nuestras vidas. Finalmente, al pasar por todo este proceso, San Pablo dijo que debemos imitarlo, así como él imitaba a Cristo.