14 DE ABRIL · TENIENDO UNA MENTE RENOVADA

Son muchas las personas que tienden a desesperarse porque no ven la respuesta a su esfuerzo y fidelidad, no obstante, Josué vino a ser un caso particular, pues estuvo cerca de Moisés para servirle, sin esperar nada a cambio. Cuando Moisés subió al monte, donde estuvo en oración por cuarenta días y cuarenta noches, Josué se mantuvo al pie de monte, solo para estar pendiente si a Moisés se le ofrecía algo. Y sabemos que todo lo que Josué hacia, no era con una pretensión egoísta, pues el mismo Josué había aprendido a apoyarse en Dios. Y luego Dios lo recompensó, dándole continuidad a lo que Moisés había empezado.

Para los judíos, atravesar el Jordán significaba dejar atrás el desierto y tomar posesión de la tierra prometida. Para nosotros, es dejar atrás nuestros éxitos y fracasos para poder desarrollarnos en lo que Dios quiere que hagamos; y esto implica renovar nuestra mente para poder echar mano de sus promesas. Pablo, escribió: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. (Romanos 12.2). El apóstol presenta tres aspectos fundamentales que debemos tener en el liderazgo.

“No os conforméis a este siglo”. Cuando las personas se conforman, se nublan los sueños y se pierde el espíritu de conquista.

Renovación de vuestro entendimiento. A través de la oración, el estudio de la Palabra y la comunión con el Espíritu Santo, lo podremos lograr. Comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios. Podemos saborear que las bendiciones de Dios llegan en el momento perfecto.

El Señor pidió a Josué que se esforzara y fuera valiente (Josué 1:9). En el mundo de los deportes el atleta que quiere brillar, debe hacer una gran esfuerzo para poder superar a los otros competidores, pero en la vida cristiana no estamos compitiendo contra personas, sino contra nosotros mismo, nuestro ego se puede convertir en nuestro mas grande problema. A Sansón el hombre mas fuerte del mundo, su propio ego lo traicionó y cayó rendido a los pies de la filistea Dalila. A Saúl el primer rey de Israel, lo doblegó su propio temor y esto lo llevó a quitar sus ojos de Dios apoyándose en su soberbia.

Gracias a que Josué logro renovar su mente y fue obediente al mandato Divino, pudo llevar sobre sus hombros, la gran responsabilidad de introducir a los Israelitas a la tierra prometida. Josué sabía que necesitaba de una unción en su vida, similar a la que posó sobre la vida de Moisés. Y el Señor le dijo: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé” (Josué. 1:5). Dios le confirmó con estas palabras el tamaño de su ministerio, donde el Señor lo elevaría al mismo nivel ministerial de su líder; esto es Moisés, y en todo momento Dios cuidaría de él.