24 DE JUNIO · TENIENDO LA FE DE DIOS

“Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”. (Marcos 11:22-23).

Los discípulos del Señor Jesús estaban impactados, al ver que la higuera que Jesús había maldecido el día anterior, se había secado desde sus raíces. y esto lo hizo el Señor para enseñarles, como ellos se podían mover en la ve, ante cualquier circunstancia. Razón por la cual les dijo: “Tened la fe de Dios”, y esa fe los llevaría a mover montañas.

En este sistema de cosas, todo se mueve a través de la palabra; lo que decimos determina lo que vamos a hacer, trazando un camino de vida o de muerte. El Señor Jesucristo dijo: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36-37).

El Señor siempre actúa en comunión con la Palabra. Antes de crear el mundo, la Biblia dice: “Era el Verbo”, es decir, la Palabra, y Jesucristo es la Palabra. Pero también dice que la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Cuando Dios propuso en Su corazón crear al mundo, simplemente envió Su Palabra. Dios envío la Palabra y lo deforme tuvo forma. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). el escritor a los Hebreos dijo: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

Dios lo creó todo no a partir de materiales preexistentes, sino de Su misma Palabra que salió de Su boca. Jesucristo se convirtió en la expresión divina; toda la voluntad de Dios empezó a ser transmitida y revelada a través de este su hijo. Mientras Él estuvo en este mundo, manifestó Su autoridad y poder, pues era consciente de Su naturaleza divina y Su Palabra iba acompañada del poder del Espíritu Santo. Esta unión era la dinamita de Dios.

Él vino a suplir la necesidad del corazón del Padre, traer salvación a la humanidad. Cuando Jesús predicaba, las personas se asombraban por la autoridad con la cual hablaba. Cuando estaba frente a los endemoniados, los demonios doblaban sus rodillas al ver Su autoridad; Jesús simplemente les decía que salieran de un cuerpo, se estremecían y temblaban rogándole que los dejara ir a los puercos. Jesús decía: “Id” y era suficiente para que obedecieran.

El Señor nunca empleó una palabra negativa o de queja; cada palabra que brotó de Sus labios fue de edificación. Cuando decimos palabras de vida acorde con lo que dice Dios, palabras de fe, victoria y esperanza, inmediatamente los ángeles tienen libertad para trabajar. Pues se les da libertad para obrar y hacer todo lo que esa persona ha dicho. Es ese el poder que existe en las palabras.