13 DE NOVIEMBRE · SU PALABRA ES UN DECRETO

Cuando los labios de Dios emiten palabra, el Señor mismo está corriendo el velo y revelando a su pueblo lo que sucede y lo que vendrá. Su palabra es como un decreto, no puede regresar a Él hasta que haya cumplido su misión. Jesús lo dijo de la siguiente manera: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).

El profeta Isaías compara la voz divina con la lluvia, que al igual que ésta, tiene la misión de:

REGAR LA TIERRA

Para que la tierra sea regada, se necesita la lluvia, o sea, nubes llenas de agua que la descarguen sobre la tierra. Del mismo modo, la Palabra de Dios tiene que llegar a cada rincón de la tierra. Pero para que esto suceda, se precisan creyentes llenos de la Palabra de Dios en sus vidas, que estén dispuestos a llevarla, declararla y esparcirla en sus ciudades y en sus naciones, en todo tiempo, hasta que toda la tierra sea llena del conocimiento de la gloria del Señor.

HACERLA GERMINAR

El escritor a los hebreos, da una de las descripciones más poderosas de la manera cómo la Palabra penetra profundamente en cada ser: Su fin es quebrantarlo para que se transforme en tierra fértil y productiva para germinar y dar buen fruto, el fruto que Dios desea. “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos; y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Podemos ver que la Palabra de Dios no solamente es viva, sino también operante, dinámica, cargada de toda energía divina, que cumple el propósito para el cual Dios la ha enviado.

HACE PRODUCIR

Así como la lluvia hace su parte, también la semilla debe cumplir la suya. Si la semilla no produce fruto, no sirvió de nada. El Señor Jesús dijo: “…. parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno” (Marcos 4:8).

“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia” (2 Corintios 9 :10). Da semilla al que siembra. Cada grano de semilla debe producir otros granos para que estén a disposición del sembrador. Y pan al que come. Cada persona que decide dar su vida al servicio de Dios, tendrá su provisión diaria y fiel, tanto para ella como para los suyos.

Cada palabra que sale de la boca de Dios, contiene el poder suficiente para cumplir con Su propósito en esta tierra, y lo cumplirá en su hogar, en sus hijos, en su hogar y en su ministerio.