16 DE DICIEMBRE · SOMOS UN ESPÍRITU CON DIOS

Lo que Dios tiene en el mundo espiritual no se percibe con el ojo humano, por esto dice “cosas que ojo no vio”. Dios no escucha como el oído humano, “ni oído oyó”; tampoco se percibe con el entendimiento humano. La mente del hombre no puede entender lo que Dios ha preparado, sólo se puede percibir a través de la fe, a través del Espíritu. Nuestra fe tiene ojos espirituales, ellos ven lo que sucede en el plano espiritual, pueden percibir las bendiciones que Dios tiene para nosotros, ella nos hace saber que Dios nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús.

Todas las cosas son posibles para el que cree, declara Marcos 9:23, esto es una llave poderosa pues todas nuestras posibilidades están en la dimensión de la fe y, por el contrario, todas nuestras imposibilidades están en la dimensión de la carne. El lenguaje de Dios son las visiones y los sueños, a Dios le plació comunicarse con el ser humano de esta forma y el mismo Señor lo dijo: “Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así con mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él…” (Números 12:6-8).

Hay momentos en que Dios hace excepciones y habla con Sus siervos cara a cara, pero la manera como todos podemos comunicarnos con Él es por medio de visiones y sueños. Para que podamos comunicarnos así con Dios es importante estar en quietud; la mejor manera de lograrlo es cuando nos postramos en adoración porque estamos rindiendo ante Él toda nuestra vida, además reconocemos que solamente Él es Santo. “Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho, entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo” (Job 33:14-16).

Sólo cuando la persona está en quietud, en reposo, cuando toma tiempo para mantener la mente en calma, no agitada, sin preocupación ni tensión y aprende a estar en el silencio, es que puede escuchar lo secreto de Dios. Esto puede tomar media hora, una hora, dos horas, tres horas o más tiempo pero debe ser en plena quietud. Es cuando unimos nuestro espíritu al Espíritu de Dios y podemos recibir la revelación que Él tiene preparada para nosotros. “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Corintios 6:17). Dios ya había intentado que el pueblo de Israel retuviera Sus palabras en la memoria, aunque nunca se logró, pues continuamente ellos quebrantaban el pacto y se olvidaban de su Dios.

Y el Señor revela que cuando hubiesen aceptado a Jesús en sus corazones, les sería fácil obedecer los mandatos divinos, porque la ley de Dios ya estaría dentro de ellos, bombearía como la sangre en sus corazones y les oxigenaría el entendimiento continuamente. Sólo cuando tuvieran la misma naturaleza de Jesús, el Señor podría ser un Padre para ellos y ellos serían Sus verdaderos hijos.