ENERO 19 · SIGUIENDO SUS PISADAS

Cada uno de nosotros viene a este mundo con una misión específica asignada por Dios; lamentablemente algunos dejan pasar los mejores años de la vida distraídos en trivialidades que los sacan del propósito divino y llegan al final de la carrera sin entender el porqué de su existencia.

No obstante, para llevar a cabo Su propósito, Dios escoge a un hombre al que le revela Su voluntad, le muestra Sus planes y luego lo rodea de personas que, al identificarse con él, deciden apoyarlo en todo cuanto emprende, convirtiéndose en la fuerza que empuja la visión. Todo cuanto existe se ha originado en la visión que Dios tuvo de la creación. La visión es la idea de Dios revelada a la mente del hombre para que este la ejecute. Creo que no existe una sola persona que haya llegado al éxito sin haber tenido primero esa idea creativa de parte de Dios, y sin haber puesto luego todo su empeño y persistencia para alcanzarla.

El Señor ejerció Su liderazgo motivando siempre a Sus discípulos para que, con buena voluntad, actitud correcta y diligencia cumplieran el deseo de Su corazón. Fue tan efectivo el trabajo que Jesús desarrolló en Sus doce que no solo se esforzaron por dar a conocer Su doctrina a todo el mundo, sino que hasta ofrendaron sus vidas con gozo por la causa de Cristo.

Para permanecer en el liderazgo, todo líder de respeto debe cultivar el valioso secreto de la motivación permanente junto con su equipo. Esto es clave. Las grandes empresas que han podido ocupar un espacio de liderazgo en el mercado, lo han hecho porque han logrado la más alta motivación de quienes integran su equipo básico. En una congregación, el pastor debe ser el hombre de la visión, pero esta tiene que descender hacia el equipo de liderazgo para continuar descendiendo hacia las demás personas.