23 DE FEBRERO · SIENDO LIBRES DE LA CULPA

Anteriormente aprendimos sobre la importancia de someternos a Dios y cómo al hacerlo nos sería más fácil perdonar, hoy veremos dos aspectos más para recibir y transmitir el perdón.

Lo tercero es que el perdón lo libra de la culpabilidad. Muchas personas dicen que no sienten el deseo de perdonar, y esto se debe a que el perdón no es un sentimiento sino una decisión del corazón. No perdonamos a las personas porque lo merezcan, sino porque ése es el carácter de Cristo. Si podemos perdonar pequeñas ofensas, estaremos listos para perdonar aquellas que nos parezcan grandes. El que es fiel en perdonar lo pequeño también lo será en perdonar aquello que es demasiado grande. El Doctor Cho comenta de una mujer que fue víctima de la culpabilidad, y aunque tenía un lindo hogar y gozaba de todas las comodidades, ella se sentía la mujer más impura de este mundo, por causa de una relación clandestina que ella había sostenido con su cuñado, y sentía que lo hecho no tenía perdón. Pero el pastor Cho le dijo: Trate de imaginar un gran lago, y que alguien llega y arroja una pequeña piedra y cuando ésta cae al agua, el sonido que produce es un ¡plot! Luego tú tomas una piedra bastante grande y la arrojas al agua, el sonido es también similar al anterior, pero mucho más fuerte.

Ambas piedras van al mismo lugar, los pecados de algunas personas son más pequeños, pero tienen que ir a lo profundo del mar, los pecados de otros son mucho más grandes pero también van al mismo lugar. Cuando esa mujer entendió esta verdad, pudo en un acto de fe desprenderse de toda su carga, sintió que todos sus pecados por Jesús fueron perdonados, y recibió una completa liberación, pues a partir de ese momento pudo volver a llevar una vida plena y bendecida.

El cuarto aspecto es confesar que ya ha perdonado. En algunas ocasiones no hay necesidad de confesar el perdón a la otra persona, porque el perdón es unilateral. En ese caso, debe hacer una oración nombrándola aunque no esté presente, perdonarla y bendecirla. Posiblemente cuando tome esta decisión, el enemigo hablará a su mente, o recibirá comentarios acerca de esa persona, con lo cual parecería que reviven todos los sentimientos a los cuales decidió renunciar. Usted simplemente no debe aceptarlos ya que con anterioridad se había determinado perdonar.

Una vez que usted perdona no es necesario que vuelva a perdonar, una y otra vez sólo confiese que ya lo hizo dando gracias a Dios por ello. Es como cuando cancela una deuda y rompe el pagaré, no tiene necesidad de romperlo nuevamente. La ofensa es una deuda y el perdón es su cancelación.