27 DE JUNIO · SIENDO BENDECIDOS POR DIOS

“Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido”. (Génesis 27:26-27).

Antes de que nacieran Esaú y Jacob, Dios le dijo a Rebeca que en su vientre habían dos naciones y que el mayor serviría al menor (Génesis 25:23). Desde el vientre de Rebeca, Jacob y Esaú estaban luchando (posiblemente por la disputa de quién iba a nacer antes). El primero en nacer fue Esaú, pero Jacob nació tomando a su hermano del calcañar. Esaú era rojizo, su nombre fue Edom que significaba “rojo”. Mientras que a su hermano le pusieron por nombre Jacob, que significa “el que toma del calcañar” o “el que suplanta”

Jacob llego a representa al hombre espiritual y Esaú al hombre carnal. Debemos entender que la voluntad de Dios es con aquellos que están dispuestos a llevar una vida en el espíritu.

El hombre carnal es aquel que desea valerse por sí mismo sin tener en cuenta a Dios, y como sabe que lo que él hace Dios no lo aprueba, prefiere vivir distanciado de Él.

Dios nos conoce desde antes de nuestro nacimiento y nos ha enviado a este mundo con una misión específica. “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones” (Jeremías 1:4).

Cuando Isaac envejeció y quiso bendecir a Esaú por ser el primogénito, su esposa Rebeca escuchó y avisó a Jacob, porque tenía la sensibilidad para reconocer que Jacob era el hijo que tenía la unción para bendecir al resto de su descendencia (esto era tan importante para ella, que se expuso a recibir las consecuencias en caso de que Isaac lo maldijera). Ella sabía que Esaú al haber contraído matrimonio con mujeres cananeas, había perdido ese derecho de primogenitura, ya que traería una mancha a toda su descendencia y por esto mismo había traído amargura al corazón de sus padres. Razón por la cual no dudó en motivar a hijo Jacob, para que tomara el lugar de su hermano y se apropiara de la la bendición de su padre.

“Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren. (Génesis 27:27-29).

Ésta era una bendición integral en la cual tanto el aspecto económico, familiar, empresarial, físico y espiritual estaban incluidos. La bendición se refleja en la ropa, la provisión y la honra. La bendición de Dios es una. Usted puede decidir creer, servir al Señor y de esta manera podrá apropiarse de esa bendición integral, que Dios ha reservado para los que le aman.