7 DE ABRIL · SACIANDO LA SED

Jesús mostró a los creyentes, la manera eficaz de evangelizar, y podemos tomar como ejemplo Su experiencia con la mujer Samaritana (Juan 4:1-42).

En aquella época las riñas y los resentimientos que existían entre judíos y samaritanos eran muy fuertes. Los judíos veían a los samaritanos como impuros, por la mezcla que éstos habían tenido con los babilónicos, y por ello, no transitaban por sus ciudades, ni les daban el saludo. Más el Señor Jesucristo decidió hacer lo que ningún otro judío se había atrevido: Atravesar la ciudad de Samaria; enseñándonos que el valor de un alma, está por encima de todo prejuicio racial o social. Pablo dijo: “…De ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14b).

En otra ocasión, el Señor Jesús expresó: “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido” (Mateo 18:11). Él no tenía prejuicio de acercarse a alguien a quien el resto del pueblo veía con malos ojos; y eso lo demostró cuando dejó Su trono de gloria, para tomar forma humana, venir a este mundo, y ponerse al mismo nivel del ser humano; lo hizo por amor a aquellos que ya no tenían esperanza.

La primera impresión que alguien pueda tener de alguna persona, determinara si ésta se abrirá al diálogo o no; por lo general, es cuestión de segundos. Los judíos creían que eran superiores a los samaritanos, sin embargo Jesús, en un acto de humildad, le dijo: “Mujer dame de beber”. Para ella fue una gran sorpresa, pues cualquier samaritano sabía el concepto que los judíos tenían de ellos, e inquietada respondió: “… ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9). El Apóstol Pablo dijo: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número” (1 Corintios 9:19).

La samaritana pensó que Jesús tenía sed de agua, más la sed de Jesús era sed por salvar vidas. Lo que Él le estaba diciendo en este diálogo es: “Si puedes creer en mí, se disipará toda mi sed; si tú me das de tu agua, yo te daré la mía; si tú me entregas tu vida, yo te entrego la mía”. Él dijo:” El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él” (Juan 7:38-39a). “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

Apreciado amigo hoy Jesús se está acercando a su vida, expresando que Él tiene sed por su salvación. Él está golpeando a la puerta de su corazón; solo debe entender que es la voz de Él y dejarlo entrar, para que le de vida y vida en abundancia.