30 DE SEPTIEMBRE · SACIANDO EL DESEO DE DIOS

A la mujer samaritana, el Señor le pidió que le diera de beber, mas ahora está hablando con aquellos que Él había formado, sabiendo que se esforzaban por pescar algo pero infructuosamente. Mas la respuesta de ellos fue negativa. Jesús les dice algo que les había dicho años atrás en circunstancias similares: “Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces” (Juan21:6). De inmediato reconocieron al Señor que ya les había preparado pescado para que comieran. Es interesante que antes de dar, el Señor siempre nos pide.

Al comienzo de Su ministerio, Jesús les había dicho que lo siguieran y que los haría pescadores de hombres; ahora ellos estaban frustrados porque el Maestro ya no estaba con ellos y no les estaba yendo bien en la pesca. ¿Estaría el Señor interesado en comer pescado? No, porque Él mismo ya lo había preparado. ¿Qué clase de comida Él estaba pidiendo? Posiblemente les estaba recordando las palabras dichas a ellos cuando compartía con la samaritana: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34). Así como a Moisés, Dios le da la orden de que unja a Josué para que lo suceda en el ministerio, y después de que Moisés orara por él, fue lleno del Espíritu Santo”(Deuteronomio 34:9).

Ningún judío discutía sobre la unción que había en Moisés, pero su ciclo se cerró con la venida de Jesús. Cuando Dios levantó el Gobierno de los 12 o G12, lo hizo con el propósito que ese mismo sueño por ver las naciones alcanzadas con el poder del evangelio, Jesús fue quien abrió la brecha despejando el camino para que Sus discípulos le dieran continuidad. Algo que hemos visto y experimentado con tremendos resultados ha sido el dedicarnos con diligencia a los nuevos, continuamente el Señor nos da personas nuevas que quieren agradarle. Al principio perdimos mucha gente por falta de experiencia. Pero el Señor nos dio una estrategia que ha dado resultados extraordinarios a través de los Encuentros que duran tres días.

El Señor dijo a Moisés: “Dile a Faraón: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto”. El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios” (Éxodo 5:1-3). El encuentro de Pablo con Cristo fue de tres días (Hechos 9:9). En esos tres días del Encuentro, las personas quedan ciegas para el mundo y sus ojos se abren a Dios. Es un tiempo de pleno recogimiento espiritual donde sienten dolor y vergüenza por su pecado. Son cinco los objetivos del Encuentro: Seguridad de Salvación, liberación, ministrar sanidad interior, ministrar la llenura del Espíritu Santo, enseñar la Visión.

Nuestro Dios es un Dios de tres generaciones: el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. La bendición del Señor pasó de una generación a otra y luego a otra.