22 DE DICIEMBRE · ROMPIENDO LA MALDICIÓN DE LA TRAICIÓN

El Señor habla aquí de la seriedad del ministerio pastoral, porque no cualquiera puede ser pastor sino sólo aquellos que entran por la puerta correcta. El hombre fue expulsado del paraíso por causa de su pecado, más Dios para atraerlo estableció una puerta que es Jesús a través de Su obra redentora. Cuando Jesús fue flagelado y Su cuerpo fue maltratado con el látigo de Roma, el cual tenía varios rejos con incrustaciones de metal y hueso, cada latigazo abrió heridas muy hondas en todo Su cuerpo que quedó completamente llagado, uno puede preguntar ¿por qué aconteció esto a Jesús? Y el Señor nos respondería: “Hijo, tú merecías esto, pero no lo podías soportar y Yo lo recibí por ti”. “¿Señor, qué tengo que hacer?” “Es muy sencillo, Yo pagué el precio, no lo pagues tú”. Tome usted ahora de Su sangre y aplíquela a su vida, y diga: “Por la Sangre de Jesús, tengo entrada al lugar santísimo”, pues esa sangre bendita rasgó el velo que separaba al pecador de Dios. Jesús se convirtió en la única puerta de entrada a la intimidad con Dios Padre. Cuando uno entiende el poder de Su Sangre que brotó de Su cuerpo llagado, algo poderoso tiene que suceder. Es un cambio de naturaleza.

Llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina. Sentirnos redimidos es saber que ya somos hijos de Dios, y esto es como pasar una línea fronteriza, es quedar bajo la cobertura de la paternidad de Dios, la cobertura de la Sangre de Jesús. Es cuando uno dice “Soy parte del redil del Señor, ahora el Señor es mi pastor y si Él es mi pastor nada me faltará, tengo abundancia en todas las cosas”. La bendición o el bien, es lo opuesto a maldición o el mal. El ladrón hurta mata y destruye; el buen pastor da vida y vida abundante. Muchos piensan que están en bendición, pero viven oprimidos por la maldición. La bendición da fruto; la maldición también da un fruto, pero malo. Debemos ser conscientes de que todo tiene su lado opuesto; así como existe el bien, existe el mal, está lo caliente, está lo frío, hay la luz, hay tinieblas, existe la bendición y la maldición.

Es importante observar que tanto la bendición como la maldición tienen poder. La bendición tiene un poder que edifica, que construye; la maldición tiene el poder de destruir y aniquilar y muchas veces las personas están siendo víctimas de una maldición y no se han dado cuenta. Por tal motivo, el Señor permitió que en la antigüedad un extenso capítulo de la Biblia se dedicara a lo que es la bendición y lo que es la maldición; los versos que hablan de maldición son cuatro veces más que los de la bendición, a pesar de ello muchas personas no han entendido lo que es el poder de la maldición y lo importante que Dios quiere que usted sepa es que la bendición contrarresta y anula la maldición.

Sabemos que por la fe en Él nos hizo seres espirituales, ese Dios Todopoderoso tiene un mundo de bendiciones para cada uno de Sus hijos, estas bendiciones se encuentran en el plano espiritual y sólo a través de la fe podemos conquistarlas.